Zinacantán por su parte fue un mercado principal de intercambio comercial entre aztecas y mayas, posiblemente siendo de esta zona las llamativas y valiosas plumas de Quetzal que adornaban el penacho que Moctezuma regaló a Hernán Cortés. Zinacantán es un pueblo aseado, ordenado, y trabajador, y al parecer fueron aliados incondicionales de los españoles en Chiapas durante el periodo de conquista.
Al día siguiente, volvemos a la naturaleza ya repuestos y bien dormidos, aunque todavía acompañados del espíritu de Moctezuma. La reserva Chapul es nuestra introducción a la reserva de la biosfera Montes Azules dentro de la Selva Lacandona. Allí nos recibieron Patty Robles de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y Julia Carabias de Natura Mexicana. Ambas nos explicaron las características de la zona y nos plantearon la posibilidad de hacer un poco de historia recorriendo el Río Lacantum.
Aceptamos a pesar de no tenerlo programado, incluso sabiendo que nos llevaría prácticamente dos jornadas y a pesar de la crecida impresionante del río producida por las intensas lluvias de estos últimos días que había elevado su nivel 4 metros y arrastraba todo lo que encontraba a lo largo de su caudaloso cauce, principalmente troncos, el mayor peligro para las lanchas. Estas dificultades volvieron a recordarnos las penurias que los españoles de aquella época vivieron y entendemos cómo hubo tantas bajas en su periplo chiapaneco.
Después de aproximadamente 6 horas navegando y asombrados con la fauna y flora local, entre la que destacan guacamayas, monos zaraguatos (aulladores) y cocodrilos, observamos a orillas del río cómo los indígenas han distribuido las tierras entre familias y pudimos apreciar cómo la tala maderera ha provocado una importante deforestación. En mitad de la selva descubrimos las ruinas de la ciudad perdida de Yaxchilán (“templo entre selvas” y “ciudad junto al río”). Allí se pueden apreciar dos metrópolis y una plaza mayor.
Culminada con éxito nuestra travesía por el río Lacantum, instalamos nuestro campamento en unas cabañas cercanas al río, llenas de cucarachas, mosquitos, tarántulas, y sintiendo la presencia cercana de zaraguatos y jaguares
Nuestro descanso fue escaso, por decirlo de alguna manera, ya que entre la mosquitera, el calor, la humedad y nuestros amigos los mosquitos, junto con sus compañeros de selva, la noche resulto muy larga.
Por la mañana partimos en dirección a unas ruinas mayas llamadas Bonampak a menos de 50 Km. de Yaxchilán, cuyo significado es “ciudad de frescos”, lugar donde se conservan las únicas imágenes pictóricas de la convivencia social maya.
Después de acampar dentro de la Reserva Natural de Palenque, sintiéndonos unos privilegiados por disfrutar de un entorno cuya historia se ha convertido en estandarte e imagen de México, conducidos por dos guardas muy amigables nos adentramos en la selva que rodea a estas ruinas, entre espesa vegetación y senderos que sólo ellos conocen, en busca del “templo Maya olvidado”. Sintiéndonos como pioneros en estas tierras a donde no llega el turismo y las visitas son escasas, descubrimos lugares que pocos ojos han observado; en cada montículo tupido de vegetación se adivinaban construcciones y templos mayas, hasta las ruinas de Pakal II, un majestuoso palacio rodeado de selva que enamora y asusta por sus ruidos. A su lado descubrimos una maravilla de la naturaleza en forma de cascadas y arroyos que los mayas recondujeron para utilizar sus aguas dentro de la ciudad.
Nuestra ruta sigue. Cansados y machacados por los mosquitos, asombrados y llenos de emoción por el recorrido que tanto habíamos imaginado a partir de las escasas referencias de Mazariegos, continuamos nuestra aventura.
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