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Luis Salvador, el archiduque errante

Javier Gómez-Navarro

Bibliografía: Boletín SGE Nº 15

Cuando el país le interesaba, y particularmente si lo elegía como tema de alguno de sus libros, permanecía el Nixe indefinidamente anclado en aquellas aguas. En las primeras horas de la mañana S. A. lo abandonaba y se dirigía a la iglesia a oír misa, pasando después en tierra algunas horas o bien el día entero; pero al llegar la noche regresaba siempre a su yate, corriendo a veces, en noches tempestuosas, verdaderos riesgos por satisfacer su deseo de descansar a bordo. Aquellas largas permanencias en los puertos aburrían a la tripulación y a los acompañantes, desocupados y recluidos casi siempre a bordo por expreso mandato del Príncipe.

El final

El archiduque padeció un proceso progresivo de abandono que hicieron que se convirtiese en un gordo enfermizo, sucio y sin cuidados y que su salud fuese deteriorándose progresivamente.

En 1914 al comenzar la Guerra europea, tras el atentado de Sarajevo que terminó con la vida del heredero Imperial Francisco Fernando, fue reclamada su vuelta a Austria por el Emperador. Se instala entonces en su castillo de Brandais en Bohemia, enfermo y preocupado por la guerra sufre un proceso muy rápido de deterioro con úlceras en las piernas y las manos tan hinchadas que apenas puede escribir.

El 12 de octubre de 1915 expira en ese castillo frío y húmedo, que nunca quiso y lejos de su Mediterráneo adorado. Había expresado verbalmente que no quería ser enterrado en la cripta de sus antepasados sino en el Sahara y ser cubierto por la arena del desierto, pero en su testamento no figuraba nada escrito.

Unos días después de la muerte el Emperador dio orden de que llevasen su féretro a Viena y ser enterrado en la cripta de la iglesia de los Capuchinos de Viena junto a su familia.

El príncipe, que huyó durante toda su vida de las ataduras y protocolo de la Corte, fue enterrado con el impresionante ceremonial de la tradición hispano-borgoñona y en el que se daban los tres aldabonazos en la puerta de la cripta y el padre guardián desde su interior preguntaba: “¿Quién es?” El intendente mayor del Palacio contestaba: “Luis Salvador, Archiduque de Austria, pide licencia para entrar” y preguntaba al guardián: “¿Reconocéis los restos del difunto Luis Salvador?” y el guardián finalmente decía: “Los reconozco y de hoy en adelante velaremos piadosamente por ellos”.

Y al final de su vida el Archiduque errante encontró sus raíces junto al Emperador Francisco José, la Emperatriz Isabel, los herederos Rodolfo y Francisco Fernando y toda su augusta familia.

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