Una
expedición que finaliza es siempre un
motivo de reflexión. ¿Qué hemos
hecho bien ? ¿Qué ha fallado? ¿En
que hemos fracasado?.
Cuando no se hace cumbre
queda una sensación de falta, tenemos
la impresión de que muchos de nuestros
esfuerzos tenían como fin esa cumbre.
Luego, cuando se ha alejado un poco el cansancio,
nos damos cuenta de que casi toda la justificación
de lo que hemos hecho está en lo felices
que somos haciéndolo, en los parajes que
descubrimos, en los riesgos que tomamos, en las
vivencias compartidas, en la vista desde lo alto...
Por eso en muchas ocasiones no pensamos en volver
a esa montaña; la hemos vivido, hemos
subido a su cumbre o no, pero en todo caso hemos
disfrutado con ella; la próxima vez descubriremos
otra.
El Dome Khang ha sido original.
Desde que vimos que iba a ser casi imposible
llegar esta vez a la cumbre, pensé en volver, y ese
pensamiento me produjo una gran excitación
y el deseo, como a los niños, de que fuese
mañana cuando íbamos a volver,
(ni siquiera nos habíamos ido todavía).
El lugar, la soledad, lo remoto,
hacen que mi próximo proyecto sea subir al Dome Khang.
Quizá, por primera vez, volver a una montaña
himaláyica me hace más ilusión
que el primer viaje.
Katmandú, 28 de mayo
del 2004.
Salvador García-Atance.
Presidente
de la Sociedad Geográfica Española.
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