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Boletín
nº 14
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ENTREVISTA A SYDNEY POSSUELO
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En las fotografías que los medios de comunicación publican sobre Sydney Possuelo, su imagen es la de un explorador de los de antaño. Un hombre maduro, con barba canosa y descuidada, traje de campaña, rostro bronceado y nariz aguileña que subraya la fuerza de una penetrante mirada. Cuando nos encontramos con él en Madrid, nos recibió un personaje diferente: un hombre elegante y atractivo de unos sesenta años que bien podría tener muchos menos, de aspecto ágil y deportivo, bronceado como si regresara de la playa, barba bien recortada, camisa de seda negra y pantalón vaquero. Él mismo nos confesará más tarde, riendo: "No soy el 'Tarzán' que las mujeres esperan que sea".
Possuelo nos recibió en casa de uno de sus amigos españoles, el periodista Luis Miguel Domínguez. Nos sentamos de una manera informal y hablamos sin prisas de todo: de su vida personal y de su trabajo, de sus exploraciones y de sus amigos, de sus proyectos y de cómo ve el futuro del Amazonas. En un español correcto, aunque salpicado de palabras y expresiones brasileñas, nos dejó entrever lo complicado que resulta compaginar la vida en la selva y el trabajo de "explorador" con la vida familiar. En todo momento, Possuelo se mostró como un hombre tranquilo que quita constantemente importancia a su trabajo y a los riesgos que implica.
Sydney Possuelo tiene sesenta y tres años y desde los dieciséis su vida ha estado ligada al Amazonas brasileño. Es uno de esos hombres que irradia fuerza y magnetismo personal, un personaje comprometido hasta las últimas consecuencias con una causa, que en su caso es la defensa de los indios de la Amazonia que jamás han sido contactados por la civilización occidental y a los que trata de proteger de los riesgos de un contacto agresivo y destructor. Su vida ha sido intensa, ligada a un trabajo que le apasiona y que le ha aportado aventuras, riesgos y la posibilidad de explorar parajes inéditos del Amazonas.
-Tu imagen pública es la de un hombre de acción, la de un explorador que arrostra peligros por el laberinto de la selva amazónica, pero ¿en qué consiste tu trabajo?
- Mi vida es mucho más normal que todo eso. Soy un funcionario del Gobierno brasileño ya que estoy al frente del Departamento de Indios Aislados de la FUNAI (Fundación del Indio de Brasil), responsable de la protección de los pueblos aislados que viven aún en la Amazonia Brasileña sin contacto alguno con la civilización occidental, lo que en España llaman indios "no contactados". Yo soy lo que llaman en el Brasil un "sertanista" que viene de la palabra "sertáo" que significa "selva". Sertanista es un especialista en la selva y las cosas de la selva, algo que parece "muy importante" pero que a la vez no significa nada en concreto. Toco muchos campos, pero no soy especialista en nada en concreto".
-¿ En qué consiste tu trabajo cotidiano?
- Mi tarea consiste en explorar la Amazonia brasileña para localizar a las últimas tribus de indios aislados y poner las medidas para protegerles de los peligros de una civilización que desconocen por completo y a la que se enfrentan en desigualdad de condiciones. Mi departamento tiene seis puntos en la Amazonia donde tengo equipos de trabajo que están protegiendo enormes territorios donde viven indios aislados. Organizamos al menos dos expediciones al año en las que viajo con un equipo de personas, blancos y nativos, para buscar y confirmar o no la existencia de indios aislados en la Amazonia. Aunque pueda parecer lo contrario, en realidad mi trabajo es un poco burocrático.
-Ahora tal vez te resulte burocrático pero cuando empezaste seguro que te parecía una aventura. ¿Cómo fue tu primer contacto con la selva amazónica?
- Por supuesto que me parecía apasionante. De niño soñaba con esto. Soy de Sao Paulo pero desde muy joven me sentí muy atraído por la selva. A mí me apasionaban las figuras de los hermanos Villas Bôas, los más famosos "sertanistas" brasileños que por aquella época, cuando yo tenía 14 o 15 años, eran los héroes de Brasil. Yo les veía en los periódicos, escuchaba hablar de ellos, y soñaba con conocerles en persona. Leía y veía sus reportajes como un sueño. Conocí a sus hermanas e iba a preguntarles cómo podía conocerles personalmente, cómo podía hablar con ellos. Y así hasta que un día les encontré, me gustaron, y empezamos una amistad. Claudio y Orlando Villas Bôas eran entonces hombres míticos buscados y admirados por muchos jóvenes como yo. De aquel primer encuentro realmente no salió nada concreto pero mi afán de aventura era cada vez mayor y los Villas Bôas me gustaron. Eran mis héroes y yo era su amigo. Y eso ya era mucho.
-Entonces al principio, la selva para ti era sólo un escenario para la aventura.
- Pues realmente si. Yo tendría unos 16 o 17 años cuando conocí a los Villas Bôas y empecé a interesarme por la Amazonia. No había ningún componente científico en mi afán, ni una vocación por atender o una inquietud de acercarme a los pueblos indígenas. Lo mío era una búsqueda permanente de aventura.
-Y ¿cuándo viajaste por primera vez a la Amazonia?
- Hice el servicio militar y terminé en el año 59. Fue entonces cuando hice mi primer viaje a la Selva.
-¿Con los Villas Bôas?
- No. El primer viaje fue sin ellos. Fue un desastre, como una de esas comedias antiguas de risa, con muchos golpes y percances, porque pasó de todo. Yo acompañaba a una aeronave de la Fuerza Aérea que transportaba abastecimiento. Fueron tres largos días de viaje en avión, río arriba. Cuando aterrizamos, el avión se salió fuera de la pista de tierra y con el choque, unas cuerdas que había en el interior se rompieron y cayeron por encima de mi. Cuando salimos afuera había un sargento de aviación intentando sujetar un cabo metálico y el cabo terminó cortándole un dedo. El dedo salió volando y cayó encima de mi. Me llené de sangre y salí corriendo asustado hacia donde estaban los indígenas. Recuerdo que llovía. Llovía mucho. Aquellos eran indios muy puros, sin apenas contacto con la sociedad nacional. Corrí hacia ellos. y me caí en el barro. Los indígenas se morían de risa contemplando la escena y yo me levanté rabioso y pensando "estoy jodido". Este fue mi primer encuentro con la selva y con los indígenas. Realmente no fue un encuentro afortunado, pero después hubo muchos otros y fueron mejores. Poco después, en 1961, se creó el Parque Nacional de Xingú, que ahora es simplemente el Parque de Xingú, y yo comencé a trabajar allí con los hermanos Villas Bôas.
-¿Cómo fueron aquellos primeros años en la Amazonia?
- Pasé muchos años trabajando en Xingú con los indígenas. Recuerdo que siempre faltaba presupuesto, faltaba dinero, faltaba de todo, pero Orlando conocía muy bien a la sociedad industrial de Sao Paulo y tenía muchos amigos entre ellos. Obtenía de ellos muchas cosas: más que dinero, conseguía comida, municiones, medicinas, armas.. y otras muchas cosas que nos permitían sobrevivir, porque el presupuesto que nos asignaba el gobierno era muy escaso. Luego las cosas fueron cambiando, a mejor.
-¿Y cuando cambió tu forma de interesarte por el Amazonas?
- Poco a poco, al conocer a los indígenas, al hablar con ellos, al comer con ellos. Comencé a conocerles y a interesarme por sus problemas. Hasta entonces, todo había sido una aventura, cosa de jóvenes, pero al cabo de unos años empecé a enfrentarme junto con ellos a problemas serios, de tierras, de supervivencia. Mi mirada sobre el Amazonas y sus pueblos fue cambiando y mi aventura se fue convirtiendo en mi trabajo.
- Y a todo esto, ¿qué opinaba tu familia de tu vocación por la selva?
- Mi familia era una familia de clase media de Sao Paulo. Mis abuelos por parte de padre eran españoles y su apellido era Pozuelo, aunque cambiaron la grafía y la pronunciación, porque así resultaba más fácil para los brasileños. Te puedes imaginar lo que opinaban de mi vida en la selva. Me decían constantemente: "Pero, ¿qué haces en la selva? ¿Es que nunca vas a buscar un trabajo de verdad?." Pero fueron aceptándolo.
-¿Cómo llegaste a trabajar para el gobierno brasileño en la FUNAI?
- Orlando Villas Bôas estaba preocupado conmigo. A mi me gustaba mucho ir a la selva y trabajar con ellos, pero él se preocupaba porque yo no pensaba nada más que en eso, en trabajar allí, sin ningún objetivo concreto, sin un futuro laboral. En 1966 se creó el Servicio de Protección a los Indígenas. Era el antiguo servicio del gobierno que el Mariscal Rondón había creado en 1910. Rondón fue una figura muy importante en el contexto indígena de Brasil pero en los años sesenta, el Servicio de Protección a los Indígenas había perdido el prestigio. Rondón fue un hombre muy honesto, trabajador, muy fuerte, pero por aquellas fechas él ya había muerto y había comenzado una corrupción enorme, hasta que en 1967 el presidente de Brasil decidió crear la Fundación Nacional del Indio, adscrita a varios ministerios, con el acerbo de la antigua fundación central, que era el organismo en el que trabajaba Villas Bôas.
¿Actualmente, cuál es el trabajo de la FUNAI?
- La FUNAI es una organización dentro del Ministerio de Justicia. Yo fui presidente durante dos años, en la presidencia de Collor de Mello, pero actualmente estoy a cargo del llamado Departamento de Indios Aislados, un departamento que ya estaba creado antes de Collor de Mello, pero que ha ido cambiando su filosofía.
-¿Qué hace exactamente tu departamento?
Antes la filosofía respecto a los indios aislados consistía en localizar y contactar con pueblos que nunca antes habían tenido contacto con el hombre blanco, con la civilización occidental. Se contactaba y se decía retóricamente que se trabajaba para integrarlos de la mejor forma posible a nuestra sociedad. Era una retórica falsa y equivocada porque el contacto siempre les hace entrar en nuestra sociedad por el nivel más bajo. Desde hace unos años, la filosofía es diferente: se trata de saber dónde están, dónde viven, pero para no contactarles, sino para protegerles. Ellos tienen todo el derecho a no querer nada de nosotros.
-¿Participaste activamente en este cambio de política?
- Yo trabajé durante muchos años estableciendo los primeros contactos con muchos pueblos de la Amazonia y vi que generalmente estos encuentros eran -y son- destructivos para la comunidad indígena. Los contactos despertaron en mí el interés por mirar con más cuidado la historia. Tras 500 años de historia como país, en Brasil no tenemos un sólo pueblo indígena realmente integrado a la sociedad nacional. Y la sociedad nacional no los absorbe porque está hecha y organizada para nosotros, no para los indígenas.
-¿Y crees que quedan todavía pueblos indígenas sin contactar en el Amazonas?
- Hace 15 años teníamos en la FUNAI 113 informaciones de que en esos puntos de la Amazonia brasileña podría haber indios aislados. Este tipo de noticias nos llegan por otras tribus ya contactadas, por misioneros, por investigadores que han oído hablar de ellos. Hoy estaríamos hablando de 43 puntos en la Amazonia brasileña en los que es posible que existan indios aislados. De todos ellos, sólo 17 puntos están confirmados. El resto están sin confirmar. Tendríamos que hacer expediciones para saber que realmente existen. Cuando confirmamos su existencia, realizamos una serie de trabajos para saber qué extensión ocupan, restringimos la entrada y ponemos dispositivos para impedir que entre nadie. Los indígenas entran en conflicto inmediato con muchos intereses externos, entre ellos, los de personas pobres, que no tienen nada en la vida y que por tanto no tienen nada que perder y que luchan por un espacio de supervivencia. Son por ejemplo los buscadores de oro, los pescadores, los ganaderos.
-Y ¿de qué población de indígenas no contactados estaríamos hablando?
- Nunca hablamos de personas, sino de "sociedades", de "comunidades" porque hay casos de pueblos en los que sólo queda un individuo, en otro quedan cuatro y en otro siete, pero representan pueblos y para nosotros todos son igual de importantes. Los grupos más grandes tienen como máximo 400 personas.
-Una vez conocida la existencia de un pueblo, ¿cuál es realmente tu trabajo?
- Mi departamento mantiene seis puntos en la Amazonia, bases de Protección Etno-ambiental, donde viven equipos de trabajo encargados de proteger enormes territorios donde viven indios aislados. Además, se organizan al menos dos expediciones al año para buscar y para confirmar la existencia o no de indios aislados en la Amazonia. Yo tengo residencia en Brasilia, pero prácticamente estoy siempre en la Amazonia.
-¿Cómo llegáis a conocer su existencia, sin contactar con ellos físicamente.?
- Nuestro trabajo empieza con informaciones de otros indios, de algún antropólogo. Por ejemplo, nos llegan noticias de que "en la cabecera del río tal dicen que hay personas." ¿Qué hago yo? Normalmente, si las informaciones son muy buenas, si realmente creo que hay certeza, organizo una expedición hacia la zona. Primero se sobrevuela la zona y se localizan los puntos habitados. Después, hago una primera entrada por la selva, en canoas, a pie. Generalmente no hay otra forma para llegar allá que en helicóptero o navegando por ríos grandes, y en un determinado momento, cuando ya no se puede avanzar, en otros barcos más pequeños hasta que comenzamos a caminar. La última expedición que he realizado la finalizamos en septiembre del 2002 y duró diez días en los que recorrimos casi 4.000 kilómetros a pie y en barcos, por regiones realmente inhóspitas.
-¿Y no entráis en ningún momento en contacto con los pueblos?
- No. Sólo los observamos de lejos. Antes de llegar a una región yo ya la he sobrevolado exhaustivamente para localizar las "malocas", (sus cabañas), y marcar su localización exacta en un mapa con un GPS. Después, cuando hacemos la expedición por tierra, vamos esquivando las casas. No nos interesa tropezar con ellas aunque algunas veces lo hacemos por equivocación o porque no las teníamos localizadas. En esta última expedición del verano pasado, nos chocamos con una maloca que no esperábamos y los indios se quedaron sorprendidos ante nuestra presencia. Era un grupo que nunca había visto a nadie, aunque en realidad todos saben de la existencia de otros grupos y de nuestra existencia, Lo que realmente desconocen es nuestra fuerza y la dimensión de la civilización occidental. Tienen un grado de desconocimiento total del resto del mundo. No saben que existe Brasil, ni América, ni Europa, ni nada que no sea su mundo más próximo. Son los hombres más próximos a los que Colón encontró cuando llegó.
-Pero tendrán cosas en común con otros pueblos de la zona ya contactados
- Por supuesto, pero cada grupo tiene su cultura y una lengua propia. Muchas veces no se entienden entre ellos. Los indios ya contactados con un cierto conocimiento de nuestra sociedad, tienen miedo de ellos. Les llaman los "indios bravos" y unos y otros se atacan mutuamente.
-¿Cuáles son las acciones que propone FUNAI para estos indios aislados? ¿Mantenerlos así indefinidamente? ¿Integrarlos en un futuro a la sociedad brasileña?
- Contactar con estos pueblos es muy sencillo. Lo difícil es continuar el contacto, saber qué hacer con esos contactos. El tema de los indios aislados plantea cuestiones filosóficas muy interesantes. Es imposible trabajar en esto y no preguntarse muchas cosas sobre el hombre y sobre el planeta. Realmente ante esta pregunta tengo contestar que no lo sé. Siendo sinceros, creo que tratamos de ganar tiempo para saber qué camino tomar, porque nadie sabe qué es mejor. Por el momento, queremos sólo conocer dónde están para protegerles. Mis hombres están armados y protegen el territorio demarcado para que nadie pueda entrar y hacerles nada, para que de momento estos pueblos sigan viviendo como lo han hecho siempre. Los intereses en torno a la Amazonia y los enemigos de los indios son muchísimos.
-De todos los enemigos de los pueblos indígenas de la Amazonia, ¿cuáles crees que son los peores?
- Los enemigos de los indígenas y de la selva en general son muchos. Los más tradicionales son los que tienen intereses económicos en la zona: los madereros, los buscadores de diamantes y oro (garimpeiros), los que buscan caucho y los que organizan cacerías. pero todos aquellos que van buscando pescado a las tierras indígenas, los que van a hacer cacerías. También son un peligro enorme los pescadores, ya que la riqueza de pescado de la región es enorme. Suelen ser pescadores autónomos con barcos de 10, 12, 15 toneladas, con frigorífico, que ponen redes inmensas en el río.
Hay otro enemigo que no es económico, que es el propio estado, con sus carreteras, las grandes hidroeléctricas y sus asentamientos o proyectos para ganar y dar tierras a personas. El estado es sin duda un enemigo tradicional de los pueblos indígenas.
La tercera clase de enemigo son los misioneros y entre ellos los peores son los protestantes. En toda Sudamérica se están implantando con fuerza religiones y sectas protestantes muy organizadas, en ocasiones disfrazadas de proyectos humanitarios o culturales, como los de un Instituto Lingüístico formado por gente que va a aprender la lengua de los indígenas para traducir la Biblia. Están por un lado los misioneros propiamente dichos y por otro las organizaciones afines, como las llamadas "Alas de socorro" que son los aviones que tienen para abastecer a estos misioneros. Realmente están muy bien organizados y es difícil luchar contra ellos. Cuando yo estaba de presidente de la FUNAI., sabíamos de la existencia de grupos indígenas en un determinado territorio pero nunca fuimos a hacer contacto con ellos. Sin embargo, los misioneros norteamericanos, junto con misioneros brasileños organizaron una expedición y se instalaron aquí durante seis o siete años.
¿Cómo intervienen los misioneros en la Amazonia?
- Para comprender el daño que pueden hacer los misioneros hay que entender primero que se trata de un pueblo muy sencillo con una organización social muy interesante. Aquí no hay violencia, los hombres tienen dos o tres mujeres, las mujeres a veces tienen dos o tres hombres y hay un ajuste social según el cual cada uno sabe cuántas mujeres o cuántos hombres puede mantener. Otro detalle curioso es que las mujeres mayores de 35 a 40 años son más disputadas porque aportan la experiencia que los jóvenes no tienen. Estas mujeres mayores tienen la misión de iniciación sexual de los indígenas jóvenes. Es en definitiva una sociedad muy sabia.
Pues bien, los misioneros llegaron a esta sociedad primitiva y se quedaron seis o siete años. Yo constantemente decía en FUNAI que teníamos que expulsar a estas personas, pero eran poderosos. Hasta que el presidente Collor de Mello me llamó y me dio permiso para echarles. Al día siguiente les expulsé pero ellos tenían, y tienen mucha fuerza. En el Congreso Nacional contaban con una "bancada" de 130-140 diputados que no dejaron un solo día de pedir que me echaran de mi cargo. Decían que yo era un loco y que había que expulsarme.
Estos son los enemigos de la selva ¿Y tus enemigos?
- Esos son más numerosos todavía. Por ejemplo, están lo que nosotros llamamos "corruptelas" que son poblados muy pequeños de tres o cuatro casitas en las que viven familias muy pobres y muy alejadas de todo. Como saben que en la tierra indígena hay más recursos que donde ellos viven, intentan a toda costa entrar. Cuando les pillo, les prendo. Normalmente son los hombres de mi departamento pero ellos piensan que yo soy el malo, el culpable de todo. Recibo muchas amenazas y de todo tipo. Cuando yo era presidente de la FUNAI, se creó el primer territorio indígena, el mayor de todos, la tierra yanomami, y empezó una lucha muy dura sobre todo con las autoridades militares
¿Has sido amenazado físicamente?
Si. Por teléfono mucho, y físicamente a lo largo de todos estos años, muchas veces.
Y por parte de los indígenas ¿Has recibido amenazas?
- También, porque yo represento algo. Una vez fui secuestrado por los indígenas para convertirme en elemento de trueque. Y consiguieron la tierra que pedían. Para mi fue fantástico, pero la verdad es que el gobierno y los servicios oficiales siempre creyeron que yo no estaba de acuerdo con los indios, aunque no era cierto. Siempre me acusan de ser un indio disfrazado de blanco, porque mi trabajo es estar con ellos y trabajar por las cuestiones indígenas.
-Qué pasa con los científicos y periodistas. Hay quien les acusa de ser también una amenaza para la selva y para los indígenas por su intromisión en el territorio.
- Esta es una cuestión muy particular. Yo creo que no suponen un peligro importante, pero es cierto que a veces yo cierro determinadas áreas, incluso en zonas de indios ya contactados, y no dejo entrar a nadie, ni a científicos ni a nadie, para que descansen de nuestra presencia.
-Cuentas con un equipo de personas muy preparadas que son realmente los que se quedan protegiendo los territorios. ¿Cómo son estas personas?
- En las expediciones, un setenta por ciento de los participantes son indígenas y el treinta por ciento son blancos. Realmente son gente excepcional, que se juega la vida en ocasiones. Creo que se necesita pasión para llevar esta vida. Mi equipo está formado por hombres especiales porque la vida diaria muchas veces es horrible y desagradable.
-Volviendo al terreno de lo personal ¿Cómo se puede hacer compatible un trabajo y una vida como la tuya con la vida de familia?
- Realmente no sé que decirte. Es muy difícil y yo soy el mejor ejemplo. He tenido seis mujeres, con tres de las cuáles me he casado legalmente. Tengo seis hijos, de mis tres mujeres "oficiales" y probablemente esta complicada familia se debe al tipo de vida que he llevado.
-Debe resultar difícil mantener una familia convencional viviendo en la selva.
Las mujeres son incomprensibles. Cuando me conocen, piensan que mi trabajo es emocionante, que soy el "hombre de la selva" que soñaban, un aventurero de vida apasionante. Luego es precisamente eso lo que no les gusta de mi, que me pase la vida viajando, en la selva. "No vienes nunca a casa", "Siempre estás allí". Actualmente me va bien. Mi mujer es inglesa pero por su trabajo viaja constantemente. Yo digo que esta boda es para siempre porque apenas nos vemos y así no hay tiempo de pelear, ni de nada.
-¿Alguna de tus mujeres es indígena?
- No. Nunca me he sentido tentado por una indígena. Los hombres siempre me preguntan sobre este tema, sobre las indígenas y sé que es un tema que suscita curiosidad. Algunas son realmente hermosas y pasando tanto tiempo allí hubiera sido fácil mantener relaciones con ellas, pero para mí pertenecen al terreno de mi trabajo. Yo las miro casi como una relación de parentesco porque pienso que sería como si una mujer fuera al médico y éste se aprovechara de ella.
-¿Cómo es la relación de un aventurero con sus hijos? ¿Los tuyos se sienten también atraídos por la selva?
- Yo siempre he respetado mucho a mis hijos y a sus iniciativas. En general no son muy aventureros, aunque en alguno de ellos si que veo un gran interés por los temas en los que yo estoy implicado. Tengo un hijo de 18 años que, aunque va a estudiar una carrera técnica, creo que tiene un alma para cuestiones sociales. Ha viajado conmigo algunas veces a la selva y ha visitado varias tribus. Los indígenas le aprecian mucho porque tiene muy buena puntería. Creo que con el tiempo se sentirá atraído por esta vida.
-De todas las personas que has conocido en tu vida, ¿hay alguna que te haya marcado especialmente?
- Tuve un amigo que se llamaba Rudolf. Pertenecía una familia muy rica de Alemania y era un hombre muy atractivo en todos los sentidos. Nos compenetrábamos a la perfección y aportó muchas cosas a mi vida. Era una compañía siempre interesante, que despertó mi interés por la filosofía, por los clásicos y por la música clásica. Gracias a él he cultivado otros aspectos de mi persona, me he preocupado de leer, de ir a museos, de escuchar música. Es decir: el me ayudó a desarrollar una faceta más sofisticada que la del explorador aventurero que era hasta entonces. Por supuesto, me han marcado también los hermanos Villas Bôas: Orlando, que acaba de morir, y su hermano Claudio, que murió hace cuatro años, y con el que viví mucho tiempo y que también era una persona aficionada a la filosofía con la que me gustaba mucho hablar de estos temas.
-Y entre los indígenas que has conocido, ¿Alguno ha influido de forma especial más en tu vida?
- No destacaría a ninguno en concreto. Lo que aprendí de ellos, en general, es que la vida puede ser más simple. Ellos son un ejemplo permanente de que podemos ser más sencillos, vivir con menos cosas. Si no tenemos mucho cuidado con el consumismo vamos a destruirnos y a destruir el planeta por "cosas", porque nuestra vida gira en torno a cosas. Su lección permanente es que podemos vivir con muchas menos cosas.
-¿Cuáles son tus planes inmediatos de trabajo?
- Ahora dedico parte de mis esfuerzos a concienciar a todos los países sobre esta problemática. Lo primero que estamos preparando es un foro en el Valle del Javarí donde estarán representadas Bolivia, Venezuela, Colombia, Bracil, Ecuador y Brasil. Estoy recabando el apoyo del gobierno español para buscar una solución al problema de los indígenas y la creación de una especie de "declaración de derechos fundamentales" del indígena. El segundo proyecto es una exposición que se desarrollará en el Foro de las Culturas de Barcelona, sobre indios aislados que ayudará a conocer el trabajo de mi equipo. Personalmente creo que el tema de los indios aislados sobrepasa fronteras filosóficas. No es solo una cuestión de conservación de la biodiversidad. Lo más importante es la sensación de "realismo mágico" que me inspiran, la trascendencia de saber que hay seres humanos que no saben nada del 11 de septiembre.
Lola Escudero
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LA FLORA AMAZÓNICA |
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Se ha dicho que la Amazonia es la última página, aún no concluida, del Génesis. Todo en ella es tan complejo, tan inconmensurable y de tal exuberancia que para describirla es necesario incurrir en una profusión de adjetivos y en cierta desmesura verbal. Exceso que encierra impotencia, e impotencia que esconde ignorancia, la que nos impide analizar y sintetizar lo que esas tierras impenetrables, inexploradas, fecundas, desbordantes, misteriosas y aún remotas esconden.
El Amazonas es un río inmenso; la quinta parte de agua fluvial del mundo discurre por su cauce, que es 16 veces más caudaloso que el del Nilo, aunque el coloso africano sea algo más largo; tal es su presencia e importancia, que su sistema fluvial ha configurado una cuenca de más de 7.000.000 de km2 formados, fundamentalmente, por los sedimentos que él y sus afluentes han ido y van depositando. Esta superficie ocupa una buena parte de América del Sur y se extiende por el norte de Brasil, por Venezuela, Surinam y las Guayanas y abarca también el este de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
Esta inmensa planicie de terrenos sedimentarios, difícilmente se escapa a la dictadura marcada por los ríos que la erosionan, que acarrean y depositan los sedimentos, para configurar un paisaje donde agua y tierra se funden, en continuo cambio, para crear un escenario único que alberga una de las mayores riquezas biológicas.
Las selvas tropicales, que solo ocupan el 6% de la superficie terrestre, alojan a más de la mitad de los organismos.
El trópico es profusión de biodiversidad y ninguna región de la tierra cobija una cantidad, ni tan grande ni tan variada de la misma. Se calcula que las selvas tropicales, que solo ocupan el 6% de la superficie terrestre, alojan a más de la mitad de los organismos. Así, de las aproximadamente 270.000 especies de plantas vasculares conocidas, 170.000 viven en las regiones tropicales. Tres países de la cuenca amazónica: Colombia, Ecuador y Perú reúnen, en su flora, cerca de 40.000 especies aunque sólo ocupan el 2% de la superficie del planeta y cerca de Iquitos, en Perú, se ha localizado el punto conocido que, hasta ahora, alberga la mayor diversidad arbórea del mundo: en dos hectáreas se han censado 300 especies de árboles.
Esta riqueza no es tan sólo cuantitativa sino también cualitativa. Así, en el escudo Guyano, esa porción de tierra situada en el noreste de Sudamérica, entre Venezuela, Colombia, Guayana, Surinan y norte de Brasil, donde se yerguen las mesetas de arenisca conocidas como tepuis, existe una flora con más de 8.000 especies de plantas vasculares de las que, aproximadamente, el 50% son endémicas.
El laberinto del bosque tropical
Por lo general, se tiene una percepción distorsionada de la estructura de la vegetación de la selva, asimilando ésta a la del bosque húmedo tropical secundario; aquél degradado por la pérdida de sus grandes colosos arbóreos, donde es imperiosa la necesidad de un machete que permita abrirse paso, con gran esfuerzo, entre una enmarañada vegetación. Pero la realidad es otra; lo que sucede es que una característica común a la mayoría de los bosques húmedos tropicales es que su inmensa riqueza florística se organiza en estratos escalonados. Estratos que se ordenan de menor a mayor profusión hasta alcanzar su máxima riqueza en esa impenetrable bóveda, casi opaca a la luz del sol, que es el dosel arbóreo, situado a unos 30 metros de altura, donde parece alojarse hasta el 70% de la vida que esta formación vegetal cobija.
Quien ha sobrevolado la selva en helicóptero va a reconocer en mis palabras el espectáculo que esta bóveda ofrece. Se trata de un mosaico en verdes sólo interrumpido, aquí y allá, por algunos árboles cuajados de flores coloreadas; su horizonte, en apariencia homogéneo, se ve interrumpido por otros árboles también dispersos que sobresalen algunos metros por encima de la cubierta. Pero este aspecto tan uniforme es engañoso pues, esta pretendida homogeneidad, encierra una complejidad ecológica y estructural enorme; así lo demuestran los estudios que gracias a la moderna infraestructura de acceso al dosel arbóreo se pueden ahora realizar.
Los bosques húmedos tropicales de todo el mundo presentan, entre sí, bastantes similitudes en lo relativo a la composición florística, a pesar de su amplia distribución geográfica alrededor del ecuador, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio. Dispersos como están por las distintas regiones de la tierra, muchos comparten las mismas familias o incluso géneros de plantas pese a estar separados, unos de otros, miles de kilómetros por mares y océanos. Esta similitud vegetal puede ser interpretada de dos modos, ambos plausibles. Una de las hipótesis se basa en la capacidad de dispersión de ciertas plantas, cuyos frutos y semillas pueden viajar grandes a distancias transportadas por los pájaros, las corrientes marinas o el viento. La otra se apoya en la historia de un pasado que permitió, en otro tiempo, hace millones de años que los ancestros de estas plantas compartieron un mismo territorio. En el Cretácico -de esto hace entre 65 y 140 millones de años-, cuando las plantas con flores (angiospermas) comenzaron a diversificarse y adquirir la preponderancia que hoy ostentan, las masas de tierra que hoy constituyen África y Sudamérica formaban parte de un supercontinente: Gondwana. La diversificación de las angiospermas tropicales tuvo lugar mientras Gondwana se disgregaba y los continentes iban separándose lo que facilitó que muchos de los ancestros de la actual flora tropical pudieran entremezclarse en un territorio y otro. No es por tanto de extrañar que, en las selvas tropicales de África y América, encontremos las misma familia de plantas aunque representadas por diferentes especies.
Una característica común a la mayoría de los bosques
húmedos tropicales es que su inmensa riqueza florística se organiza en estratos escalonados.
La composición florística del bosque húmedo amazónico está integrada por árboles, arbustos, bejucos, epífitas y herbáceas que, organizadas en estratos escalonados como ya se ha apuntado, configuran el escenario del mismo; escenario que, prácticamente y sin solución de continuidad, se extienden por la planicie amazónica, desde el océano Atlántico hasta las primeras estribaciones de los Andes. Son bosques perennifolios situados a baja altitud, de hasta 500 m, en lugares planos o ligeramente ondulados, donde el paisaje viene esculpido por la interacción, siempre cambiante, de agua y tierra, y donde la luz actúa como factor limitante.
A grandes rasgos, se pueden reconocer tres tipos de bosque húmedo amazónico: los "bosques de tierra firme" o no inundables que son los que presentan una mayor riqueza de especies; los "bosques inundables" que se asientan en suelos periódicamente anegados en función de las crecidas de los ríos y arroyos, son menos biodiversos que los anteriores y los "bosques de pantano", inundados permanentemente al ocupar las zonas deprimidas del terreno o los típicos meandros que las corrientes de agua, al discurrir por la planicie amazónica, van abandonando. Estos últimos están plagados de palmeras y son los bosques con menos diversidad florística de toda la Amazonia.
Los botánicos ilustrados Hipólito Ruiz y José Pavón descubrieron, bautizaron, dibujaron y describieron la Iriartea deltoidea, una palmera de 20 m de altura
Los árboles son los elementos dominantes de la vegetación del bosque húmedo que estamos describiendo y pertenecen, entre otras, a las siguientes familias: leguminosas, lecitidáceas, sapotáceas, moráceas, y euforbiáceas. En un repaso somero a los géneros mejor representados entre los de las leguminosas, destacaremos: Aldina, Bowdichia, Pithecolobium, Mymenaea, Sclerotium y Enterolobium; entre las lecitidáceaes quizá Bertholletia; géneros de nombres tan complicados como Lucuma, Manilkara, Chrysophyllum, Pouteria y Eccinusa representan, entre otros, a las sapotáceas. Brosimum, Chlorophora y Pourouma son, como en el resto de los casos según Cabrera & Willink, los representantes más importantes de las moráceas en estas latitudes. El género Hevea, figura entre los de las euforbiácea, una familia tan copiosa -incluye 300 géneros y cerca de 5.000 especies- como ampliamente distribuida, pues podemos encontrarla por los cinco continentes; tal es su variedad de hábitos que agrupa desde las herbáceas lechetreznas de nuestras latitudes hasta el inmenso árbol del caucho -Hevea brasilensis- de las zonas tropicales.
Algunas lauráceas y rosáceas, junto a representantes de muchas otras familias (annonaceas, rubiáceas, meliáceas, miristicáceas...) completan el mosaico de especies arbóreas de esta región del mundo.
Pero, hasta para los más profanos, es difícil concebir un bosque húmedo tropical sin las omnipresentes palmas, pues éstas, que constituyen una fuente recursos para los indígenas que habitan de estas intrincadas selvas, conforman la parte inferior del estrato arbóreo. Atalea, Mauritia, Euterpe e Iriartea son los nombres de algunos de los géneros mejor representados. Haremos un inciso para destacar, de entre ellos, Iriartea y en particular Iriartea deltoidea, e insistimos en este punto pues su descubrimiento está ligado, como el de otras muchas especies de estas tierras, a la historia de la ciencia española, en general, y a la del Real Jardín Botánico, en particular. Fueron los botánicos ilustrados Hipólito Ruiz y José Pavón quienes, en su expedición botánica al Virreirato del Perú, a finales del siglo XVIII, descubrieron, bautizaron, dibujaron y describieron esta palmera de 20 m de altura, de porte erguido y raíces aéreas, muy abundante en estos bosques y a la que los indígenas dan múltiples usos. La emplean para construcción, como alimento e incluso usan las brácteas que protegen sus inflorescencias para acopiar la miel que cosechan en el monte.
Una selva bajo los árboles
Bajo el estrato arbóreo, los bejucos, enredaderas y trepadoras pelean por alcanzar, entrelazándose con las especies arbóreas, la bóveda superior en busca de la luz; entre ellas, las mejor representadas son algunas leguminosas y bignoniáceas, y en menor proporción, hipocretáceas, menispermáceas, sapindáceas, malpigiáceas, connaráceas y dilleniáceas. A media altura, donde todavía alcanzan aquellos rayos de sol que la tupida bóveda permite traspasar, crecen las orquídeas, bromelias, aráceas, helechos y otras plantas epífitas que, en su afán de supervivencia, llegan a desarrollar notables estrategias. Tal es el caso de algunas plantas estranguladoras como ciertos Ficus que, si bien al principio se comportan como epífitos, inician rápidamente la producción de raíces aéreas que buscan el suelo y, una vez enraizadas en él, comienzan un vertiginoso desarrollo que acaba por matar al árbol que les servía inicialmente de soporte.
Decíamos que la evocación de una jungla integrada por una vegetación enmarañada e impenetrable se nos antoja desacertada pues, un bosque primario -aquel que no ha sufrido alteración alguna-, presenta como elementos dominantes de su vegetación los árboles de gran porte. Son, por tanto, sus troncos y raíces tabulares o sustentativas las que configuran el panorama que se presenta a la altura de nuestros ojos, una vez inmersos en la espesura. Con frecuencia este panorama se ve interrumpido por los bejucos retorcidos que, como columnas salomónicas, se abrazan a los árboles en una desesperada búsqueda de luz y nos cortan el camino. La vegetación del sotobosque es, por lo general escasa y vive como puede en la semipenumbra, ávida siempre de esa luz solar que la impenetrable bóveda le escatima. Este estrato basal está constituido, fundamentalmente, por arbustos (rubiáceas, piperáceas y melastomatáceas) y herbáceas (aráceas, marantáceas, zingiberáceas y musáceas) y solo, cuando la caída de algún árbol abre un claro, comienza la vegetación una carrera desenfrenada en pugna por llegar a lo más alto.
La selva, escenario de aventura
Pero sería simplificar en exceso nuestra narración si esta evocación de la flora amazónica lo fuera solo la de "una selva por tierra" como definió Jules Verne, en La Jangada, a ese paisaje grandioso y exuberante que es el auténtico protagonista de su novela; en ella la odisea y el misterio rodean ese viaje fluvial desde Iquitos hasta Belem es una vez más, solo un pretexto. Pero la Amazonia es también el espacio donde Arthur Conan Doyle ubica su tierra de "Maple White", a la que viajan el profesor Challenger, Summerlee, Roxton y el periodista Malone en busca de un mundo perdido. El escenario que sirve de marco a la novela de Conan Doyle es un lugar amplio, de tierras onduladas que se ven perturbadas por la presencia de unas mesetas que, a modo de islotes, sobresalen en el inmenso mar de vegetación que las circunda. Estas mesetas, que en Venezuela se conocen como tepuis y que en Colombia se denominan cerros o mesas, lejos de albergar los vestigios de un mundo ya perdido por masivas extinciones del pasado, aloja una vegetación muy distante en su fisonomía y composición de la de esa exuberante selva húmeda que las circunda. En ellas, según describen Estrada & Fuertes en su estudio de la Sierra de Chiribiquete, en Colombia, se mezclan hasta tres tipos de sabanas -las integradas por comunidades de Croton y Bonetia, las constituidas por representantes del género Vellozia y otra de comunidades de Navia- con formaciones boscosas que alcanzan su máxima expresión en los bosques que se asientan en sus faldas y laderas; bosques formados por un estrato arbóreo de troncos delgados, de 12 a 15 m de altura, donde Protium heptaphyllum es la especie dominante; sus copas pequeñas, al permitir el paso de la luz, favorecen el desarrollo de un sotobosque arbustivo y determinan la escasez de epífitas y bejucos.
Surcada por mil ríos, torrentes y riachuelos, de aguas tan negras como puras, la orografía de Chiribiquete es impresionante pues estos cerros se ven atravesados por una infinidad de grietas originadas por la erosión del agua que, como cicatrices, configuran un paisaje tan fascinante como difícilmente accesible. En los márgenes de algunos de estos cursos se desarrolla una vegetación arbórea -integrada por especies de Ormosia, Dimorphandra, Cirila, Clusia...- que sobresale entre los bosquetes de Bonetia.
Tierra adentro, al remontar las estribaciones de los Andes, nos encontramos con otro tipo de formaciones: el bosque de niebla. Su característica viene marcada por su ubicación y orientación y es la presencia casi constante de brumas.
Bosques húmedos tropicales y bosquetes sobre las mesetas de arenisca, son elementos de este mosaico de vegetación que es la Amazonia. Pero aunque son importantes no son, por supuesto, los únicos. Con el deseo de mostrar la gran diversidad florística de la Amazonia, saltamos de un lugar -la Sierra de Chiribiquete en Colombia- a otro -la región de Alto Madidi en Bolivia- donde, de nuevo, la riqueza de hábitats se sucede en una secuencia que viene marcada por la interacción de las corrientes de agua y las tierras circundantes; interacción que, en este caso concreto, se complementa con la de la variación altitudinal, dada la escarpada orografía del territorio. La región de Madidi, también inexplorada y desconocida, es hoy en día, al igual que la Sierra de Chiribiquete, un Parque Nacional. Se sitúa al norte de La Paz y limita al oeste con la frontera de Perú; por la cara este se desliza desde las cumbres de los Andes hasta la planicie amazónica. En ella, además del bosque húmedo amazónico, que en Madidi está presente en las zonas más bajas, nos encontramos con algunas formaciones vegetales de las que hasta ahora no hemos hablado.
En primer lugar relacionaremos el bosque seco tropical, una formación de árboles semicaducifolios, donde la caída de hojas, en el periodo anual más seco, es una constante que podría remotamente recordar a la de los otoños de nuestros climas templados. Se ubican estos bosques en las zonas secas -de "sombra de lluvias"-, lugares que, por su orientación y topografía, reciben una cantidad muy limitada de chubascos y aguaceros al liberar las nubes su carga en áreas próximas. Estas formaciones boscosas están muy localizadas en Madidi, pues solo se conocen del valle de Machiriapo, en la cuenca alta del río Tuichi. Su interés botánico se supone enorme pues, en ellas, se han descubierto importantes novedades florísticas, como algunas especies de Lecointea (leguminosas) y Caryodendron (euforbiáceas).
Otra formación vegetal, de fisonomía totalmente distinta, son las llamadas pampas o llanos, que en Madidi, se localizan tanto al sur, en las cercanías de Ixiamas, como al norte, en la cuenca del río Hearth, ya en la frontera con Perú. En ellas abundan las plantas herbáceas, fundamentalmente gramíneas y ciperáceas. La vegetación puede variar en función del grado de inundación y la microtopografía del terreno. De nuevo la composición de la vegetación va a depender del grado de inundación que va desde las zonas pantanosas, donde abundan las palmeras, hasta las sabanas húmedas donde el terreno se inunda temporalmente en función de las precipitaciones estacionales.
Tierra adentro, al remontar las estribaciones de los Andes, nos encontramos con otro tipo de formaciones: el bosque de niebla. Su característica viene marcada por su ubicación y orientación y es la presencia casi constante de brumas. Entre los géneros representativos de este tipo de hábitat están los helechos arborescentes del género Cyathea (ciateáceae) y otros géneros de angiospermas como Clusia (gutiferas), Schefflera y Dendropanax (araliáceas), Hedyosmum (clorantáceas) y Clethra (cletráceas). Las plantas epífitas alcanzan en este lugar un alto nivel de diversidad y destaca la presencia de musgos, helechos y orquídeas.
Hablar de la Amazonia es hablar del bosque tropical húmedo que configura una parte importante de su paisaje pero también es hablar de otros muchos tipos de vegetación de los que apenas si alcanzamos a vislumbrar una mínima parte.
Hablar de la Amazonia es hablar del bosque tropical húmedo que configura una parte importante de su paisaje pero también es hablar de otros muchos tipos de vegetación que conforman la región y de los que apenas si alcanzamos a vislumbrar una mínima parte. No en vano la región amazónica es la más extensa del neotrópico y alberga, desde el punto de vista biogeográfico y según la clasificación de Morrone, trece provincias distintas cada una con sus peculiares características. En ellas, los bosques húmedos se suceden con las sabanas, con los bosques de galería, los pastizales inundables, los bosques de niebla y los pantanales en una serie infinita de paisajes aún por describir y que, únicamente, conocemos a grandes rasgos, lo que nos obliga a denominarlos con términos tan evocadores como ambiguos.
La Amazonia es biodiversidad a raudales. Diversidad de organismos, mosaico de hábitats, repertorio de estrategias adaptativas, catálogo de complicadas interrelaciones. Complejidad estructural y vida, en suma, que hacen de esta región del mundo, como la describió Alwin Gentry, un maravilloso caleidoscopio de hábitats dinámicos e interactuantes.
Mª Teresa Tellería
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LA DEFORESTACIÓN DEL AMAZONIA |
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En la actualidad, sólo una quinta parte de las coberturas forestales originales de la Tierra permanecen intactas y no fragmentadas. Son las denominadas ultimas fronteras forestales del planeta. Además, cerca de la mitad de las que aún existen corren peligro debido a actividades como la minería, agricultura y, la más importante de todas, la explotación comercial intensiva de la madera.
De los bosques primarios que aún quedan, el que ocupa la mayor extensión continua conocida es la selva amazónica, con un tamaño equivalente a toda Europa Occidental -un área de aproximadamente 3,7 millones de kilómetros cuadrados (370 millones de Ha.). Sólo la Amazonia brasileña comprende un tercio de los bosques tropicales que quedan en el mundo. En la actualidad, aproximadamente dos tercios de la selva tropical ubicada en la Amazonia brasileña permanecen intactos, por lo que todavía pueden ser protegidos de una explotación irracional.
En la década de los 90, los daños medios anuales derivados de la explotación forestal afecta a una extensión de 17.000 km2/año (1,7 millones Ha/año), una cifra que no aparece reflejada en los datos oficiales de deforestación aportados por el gobierno. Por ejemplo, en 1998 más de 27 millones Ha. de bosque estuvieron expuestas a los incendios con un alto grado de vulnerabilidad debido a los procesos de fragmentación y aclarado de las masas forestales que ocasionan un elevado nivel de desprotección de la selva.
Estos datos se agravan en los primeros años del nuevo milenio, cuando las la superficie deforestada asciende a más de 18.000 km2/año. Y los avances cientifico-técnicos que están posibilitando un seguimiento más preciso de la procesos de deforestación que afectan a la Amazonia ponen de relieve que no es posible esperar una desaceleración significativa a medio plazo de este fenómeno.
Si a las cifras de deforestación total anteriormente expuestas le añadimos los más de 2.000 km2 anuales de superficie selvática que se degradan por procesos de fragmentación derivados de actividades de "corta selectiva" no sostenibles, no es muy difícil concluir la preocupación de organizaciones ecologistas ante tan lamentable situación de degradación ambiental. Es más, estos procesos de deforestación ni siquiera han conseguido la mejora socio-económicas de las poblaciones afectadas. La deforestación de la Amazonia brasileña, lejos de mejorar la calidad de vida de los seres humanos que viven en ella (cerca de 20 millones de habitantes), es un claro ejemplo de cómo la degradación ambiental genera pobreza e injusticia social
En las últimas dos décadas, la contribución de la Amazonia a la producción total de madera de Brasil se ha disparado desde el 14% al 85 %. Según datos oficiales, el 80 % de esta madera se extrajo ilegalmente. Además, la obsoleta tecnología empleada en las tareas de extracción y transformación dan lugar a un gran desperdicio de madera. Sólo se aprovecha un tercio de la madera en bruto que entra en los aserraderos y por término medio, sólo un tercio de la madera extraída en los bosques se convierte en producto final.
En este contexto, el impacto ambiental originado por las empresas madereras brasileñas, la mayoría de pequeño tamaño y con tecnologías obsoletas, se ha visto aumentado de manera significativa debido a la llegada de nuevas compañías a la región. A causa del agotamiento de las reservas del Sudeste Asiático y de África Central, la Amazonia brasileña se ha convertido en el objetivo principal de las industrias madereras multinacionales como fuente principal de suministro de madera tropical en las próximas décadas.
De todas las multinacionales que han llegado recientemente a esta región, muchas ejercen un considerable poder financiero y poseen un abundante historial de abusos medioambientales y socioeconómicos. En los últimos años, la selva amazónica ha atraído la atención de los inversores y extranjeros por el increíble volumen de madera comercial que atesora, alrededor de 60 billones de m3 de troncos.
Explotación forestal intensiva creciente
Las empresas madereras argumentan a menudo que su método de extracción es de carácter sostenible; sin embargo, continúa en la Amazonia la deforestación (desmonte del terreno donde la selva se ve reemplazada por otros usos como por ejemplo el pastoreo de ganado) y los árboles obtenidos de esta forma siguen apareciendo en el mercado. Mientras tanto, a los consumidores del mundo entero se les asegura constantemente que la madera que compran procede de fuentes legales y sostenibles. Por ejemplo, la Timber Trade Federation (Federación Comercial de la Madera) del Reino Unido firmó en septiembre de 1993 un acuerdo con AIMEX (la asociación de exportadores de madera del estado de Pará) que obligaba a los comerciantes locales a sólo aceptar la madera procedente de fuentes sostenibles y que cumpliese estrictamente las leyes brasileñas. Dado el elevado porcentaje que representa la tala ilegal, resulta evidente que la mayor parte de la madera que aparece en el mercado no puede ser ni legal ni de origen sostenible.
En la actualidad se ha demostrado que las cortas intensivas a gran escala son una de las mayores amenazas para las fronteras forestales que quedan en el mundo. Incluso la extracción selectiva de árboles valiosos puede cambiar directamente la estructura y composición de especies del ecosistema. Efectos indirectos como la no internalización en los procesos de producción de los costes de construcción de carreteras y de las tareas eliminación de vegetación llevada a cabo en propiedades privadas para el desempeño de actividades económicas abren la puerta a extensos y graves procesos de deforestación como la caza a gran escala, el creciente uso de la madera como combustible o la deforestación para desarrollar proyectos agrícolas, ganaderas y mineras.
Un informe reciente sobre deforestación tropical realizado por el Joint Reseach Center de la Comisión Europea (TREES, 1998) revelaba que, de los 110 puntos críticos debido a procesos de deforestación en el Sudeste Asiático, África y Sudamérica, al menos en el 61% de ellos, es debida directa o indirectamente a las cortas intensivas. Respecto a la Amazonia, el informe indicaba que el 72% de los puntos críticos están asociados directamente a la explotación de la madera.
Las cortas y la destrucción de la selva amazónica
En comparación con otros países, en la Amazonia brasileña todavía queda una proporción relativamente alta de selva tropical intacta, pero los procesos de deforestación están aumentando rápidamente. Hasta comienzos de los años setenta, sólo se había destruido el 1% de los bosques de la Amazonia. Sin embargo, a mediados de 1998, las zonas afectadas por procesos de deforestación habían aumentado al 13,7%. Es decir, en algo más de tres décadas se han perdido más de 55 millones Ha., un área del tamaño de Francia.
Las investigaciones realizadas por Greenpeace sobre el terreno han demostrado que la mayor parte de los recientes procesos de deforestación en la cuenca amazónica brasileña están ligados a un aumento de la explotación maderera. Las actividades extractoras de la industria maderera dañan millones de hectáreas de selva intacta cada año. Las vías de entrada a zonas de bosque cerrado abren el camino a nuevos procesos de deforestación que suponen la desaparición de la selva o su fragmentación y degradación irreversible. De hecho, la construcción de carreteras en la selva y la deforestación de los bosques por los agricultores y ganaderos están por lo general financiadas mediante las ventas de madera tropical.
El problema es tan grande que de acuerdo con la Secretaría brasileña para Asuntos Estratégicos (SAE), alrededor del 80% de la madera de la Amazonia es extraída ilegalmente. En principio, la selva puede ser explotada legalmente a través de los planes de gestión forestal (planes de ordenación forestal). Sin embargo, es importante observar que el SAE ha llegado a la conclusión de que la mayoría de los planes de gestión forestal existentes no son controlados, sino que son un simple "requisito legal". Se calcula que el 90% de la deforestación que se produce en la Amazonia brasileña se debe a actividades no autorizadas.
En cualquier parte donde se extraiga la madera, la mejor herramienta de vigilancia con que cuenta IBAMA para controlar una explotación maderera es la ATPF (Autorización para el Transporte de Productos Forestales). Sin embargo, se extraen con regularidad grandes cantidades de troncos ilegalmente ya que se puede adquirir fácilmente una ATPF falsa por sólo
1 e/m3 de madera transportada. De este modo, las actividades de las empresas madereras que están operando en la región, las cuales cuentan con un largo historial de presuntos abusos sociales y medioambientales, se unen este tipo de prácticas anteriormente expuestas representan una seria amenaza para la integridad de los bosques primarios en toda la cuenca amazónica.
El aumento de la fragmentación y de la apertura de claros en la selva debido a la proliferación de actividades de corta no previstas está conduciendo a una mayor propensión a la colonización y a la existencia de incendios forestales cada vez más intensos, así como a una pérdida de especies vegetales y animales que son sensibles al cambio en las condiciones ambientales de la selva. También existe una reducción de los recursos culturales, medicinales y nutricionales de los que dependen los pueblos indígenas y comunidades locales de la selva.
Los procesos de fragmentación se acentuarán en las próximas dos décadas, si uno se detiene a analizar el programa Avanza Brasil en un escenario temporal próximo al 2020: más embalses, nuevas carreteras, una gran red de canalizaciones de gas y petróleo, incremento de vías de transporte fluvial intensivo y un largo etcétera de infraestructuras que tendrán un denominador común, las madereras, que serán la punta de lanza a la hora de penetrar en el hasta ahora corazón intacto del mayor bosque tropical del mundo.
Otras formas de gestión forestal
Las operaciones de explotación forestal certificadas por entidades independientes ofrecen una importante herramienta para el sector maderero que actúa en la Amazonia. El FSC (Consejo para la Administración Forestal -Forest Stewardship Council-) es en la actualidad la entidad independiente de certificación más adecuada para garantizar al consumidor y al propietario que se está haciendo una gestión forestal respetuosa con la Naturaleza ya que promueve una mejor práctica ecológica de la explotación forestal, abordando todo su ciclo de vida (desde que se corta la madera hasta que es transformada en parquets, sillas, mesas, puertas, ventanas, etc.).
Científicos como Nepstad han concluido que si el agotamiento y degradación forestal tienen que ser controladas, se deben restringir las actividades de explotación y sustituirlas por técnicas de aprovechamiento forestal de bajo impacto. Es importante tener en cuenta que incluso el sistema de certificación FSC puede que no sea adecuado en ciertas zonas de la Amazonia, una vez que se haya conseguido la delimitar las zonas adecuadas para la gestión de recursos y las destinadas a ser protegidas, ya sea por sus valores ecológicos, culturales o sociales.
El incremento de las actividades de explotación forestal en la Amazonia brasileña en áreas boscosas hasta ahora intactas, los altos niveles de cortas ilegales y el ineficaz sistema de extracción y tratamiento de la madera, están vinculados al previsto crecimiento de la exportación.
Además, los beneficios que revierten en las comunidades locales es extremadamente bajo, debido a que la industria ofrece trabajos de muy baja calidad y con un elevadísimo riesgo laboral, a lo que hay que añadir el hecho de que los mercados de exportación más lucrativos están dominados por empresas de capital extranjero.
Sin embargo, es una realidad el que los proveedores de madera tropical están bajo una presión cada vez mayor por parte de los mercados externos; algunos productores están mostrando su interés en prácticas más responsables e incluso en conseguir una certificación forestal que avale su trabajo, al menos para el mercado de exportación.
Algunos datos relevantes
. De los bosques primarios que aún quedan, el que ocupa la mayor extensión continua conocida es la selva amazónica. Con un tamaño equivalente a toda Europa Occidental -un área de aproximadamente 3,7 millones de kilómetros cuadrados (370 millones de Ha.). Sólo la Amazonia brasileña comprende un tercio de los bosques tropicales que quedan en el mundo. En la actualidad, aproximadamente dos tercios de la selva tropical ubicada en la Amazonia brasileña permanecen intactos, por lo que todavía pueden ser protegidos de una explotación irracional.
. Debido al agotamiento de los recursos forestales en del Sudeste Asiático y África Central y Occidental como consecuencia de la sobreexplotación y destrucción de los bosques en esta zona, la Amazonia se ha convertido en el objetivo principal de las empresas multinacionales, que consideran los bosques de esta zona del planeta como la fuente principal de suministro de maderas tropicales en las próximas décadas.
. La contribución de la Amazonia a la producción total de madera de Brasil se ha disparado del 14% al 85% en sólo dos décadas.
. A la cabeza de la destrucción de los bosques primarios de la Amazonia, se encuentra la industria de la madera, que en 1997 causó daños en cerca de 1,5 millones de Ha.
. El 80% de la madera obtenida de la Amazonia se extrae ilegalmente. Además, los Planes de Ordenación Forestal no se cumplen. Simplemente sirven "para satisfacer un requisito legal".
. Durante el proceso de corta, y en las propias serrerías, se desperdician dos tercios de la madera extraída que termina en forma de fragmentos inservibles o serrín.
Algunas medidas para prevenir la deforestación
de la Amazonia brasileña
. La aplicación de medidas urgentes por parte del gobierno brasileño que acaben con la explotación forestal ilegal y potencien la adopción sistemas de gestión forestal que respeten el medio ambiente y las condiciones de trabajo de los empleados forestales.
. La elaboración urgente por parte del Gobierno brasileño de un inventario detallado del sector de la madera en cada uno de los estados amazónicos. Éste debería facilitar cifras de todas las empresas que operan en cada estado incluyendo: tamaño, capacidad de producción, equipamiento, planes de gestión, propietario y número de empleados.
. La práctica de un consumo responsable de madera procedente de la Amazonia, comprando sólo aquella cuyo origen sea conocido y cuente con la certificación FSC.
. La adopción de sistemas de certificación (FSC) para aquellas empresas que ya estén cortando madera en bosques primarios fragmentados, y se demuestre que el ecosistema permanece inalterado.
LA EXPLOTACIÓN FORESTAL ILEGAL E INSOSTENIBLE
Existen tres maneras principales que permiten a las empresas madereras obtener la materia prima para su industrialización y procesamiento:
1. Planes de Gestión Forestal (PGP)
Los planes de gestión forestal son instrumentos legales que permiten la explotación forestal con fines industriales en la Amazonia. Desde 1986, el IBAMA viene aprobando miles de planes de esta clase, con lo cual se pretende que el consumidor tenga garantías de que la actividad forestal industrial está regulada. Sin embargo, los mismos planes son a menudo muy endebles y, con frecuencia, se hace caso omiso de ellos. Por ejemplo, en 1996 un informe gubernamental demostraba una serie de incumplimientos de la ley. Revelaba que en un 93 por ciento, los planes de gestión carecen de vías de deslizamiento (donde pasan los troncos sacados de la selva), a pesar de que la ubicación cuidadosa de estas vías es primordial para evitar destrozos a la selva y al terreno.
Un posterior informe del IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible) revelaba que solamente en un 31 por ciento, los planes de gestión forestal merecen el calificativo de satisfactorios. El 40 por ciento de estos planes es suspendido y el 22,6 por ciento queda anulado. De los planes restantes, el IBAMA tan sólo aprueba el 49 por ciento. Hasta en aquellos casos en que se va a anular un plan de gestión forestal, no existe garantía alguna de que cesen las actividades extractoras
2. Deforestación
La deforestación se define como la tala que lleva a dejar sin árboles una zona determinada donde la tierra se destina a continuación a otros fines, como pastos para el ganado. Las empresas madereras que operan en Brasil siguen vendiendo madera extraída de las zonas deforestadas, a pesar del hecho de que un número creciente de consumidores en el mundo entero manifiesta que no desea comprar madera proveniente de prácticas insostenibles como éstas. Este problema se explica parcialmente señalando que la madera procedente de las zonas deforestadas es mucho más barata. Por ejemplo, se pueden pagar cinco reales (1,85 e) el metro cúbico por troncos sacados de zonas en vías de deforestación, en contraste con los 25 reales (9,25 e) el metro cúbico por madera de la misma calidad procedente de zonas forestales donde existen planes de gestión forestal.
3. Terceras Partes
La madera obtenida de terceros, como pueden ser los aserraderos u otras empresas madereras, puede ser ilegal de numerosas maneras. Por ejemplo, se ha comprobado que algunas de las compañías que operan en Santarém, en el Estado de Pará, han conseguido documentos que les permite legalizar la madera comercializada con la ayuda de "empresas fantasma", es decir, empresas que producen documentación relativa a madera que no existe con el fin de encubrir los troncos talados ilegalmente. Estas "empresas fantasma" son aserraderos o comerciantes en madera que declaran al IBAMA que una compañía les ha vendido madera y/o troncos, y tienen documentos que lo confirman; sin embargo, la compañía que les vendió la madera o los troncos en cuestión no declara estos hechos al IBAMA. Por tanto, dicha madera nunca existió y el aserradero genera documentación relativa a volúmenes de madera ilegal que nunca entró a formar parte de sus posesiones.
El proceso es el siguiente:
. Paso primero: La empresa A consigue de la empresa B documentos destinados a legalizar determinada cantidad de madera extraída ilegalmente. Los documentos pueden proceder de operaciones de explotación forestal legal y autorizada, pero donde no se realiza tala alguna (o donde no existen árboles maderables).
. Paso segundo: La empresa A adquiere la madera ilegal.
. Paso tercero: La empresa A utiliza los documentos legales para justificar ante el IBAMA su posesión de la madera ilegal.
. Paso cuarto: La empresa B nunca declara al IBAMA la entrega de la documentación y de la madera en cuestión. El IBAMA no realiza una verificación en ambos sentidos de los documentos para confirmar si la empresa B ha declarado o no la venta del lote de madera.
. Paso quinto: La empresa A procede a vender la madera procesada, ya legalizada gracias a los documentos proporcionados por la empresa B, a exportadores y comerciantes en madera.
Mario Rodríguez
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