| |
|
|
 |
 |
|
|
 |
 |
Boletín
nº 2
|
| |
 |
EL OCÉANO
|
|
| |
|
El planeta tierra era una bola de fuego cuando
comenzó a girar alrededor del sol junto
con sus planetas "hermanos", al comienzo
de la luz y del tiempo. Cuando la capa se enfrió y
los planetas grandes y pequeños adquirieron
su forma sólida actual, la tierra fue
el único de ellos dentro de nuestro
sistema solar que resultó bendecido
con un océano.
Tanto si creemos en los escritos antiguos
como en la ciencia moderna, el océano
en nuestro planeta azul es más viejo
que cualquiera de los continentes o islas.
Cuando el Planeta Tierra adquirió su
forma esférica, no se veía tierra
alguna sino solo una gran bola cubierta de
agua girando en el vacío; ardiente por
dentro pero con agua por todas partes. Debido
al enorme calor el Planeta Tierra era algo
estéril, sin ningún elemento
orgánico que pudiera dar lugar al
desarrollo de especies vivientes.
El primer milagro de la creación de
la sustancia, conocido actualmente como el
Big Bang, fue el producir la inmensa fuerza
de gravedad que sujetaba estrechamente el océano
entero a aquella bola voladora, sin que una
sola gota se escapara hacia el espacio. Cada
gota de agua se reservaba y era necesaria para
poner en marcha el primer y único móvil
válido diseñado para crear la
evolución de la vida en la tierra.
Con la formación de un océano
global, el recién nacido planeta adquirió un
corazón y comenzó a bombear agua
arriba y abajo. El agua purificada se evaporaba
y se elevaba desde la superficie hasta el cielo
para formar las nubes, pero no tan alto como
para que éstas se perdieran en el espacio.
Por el contrario, las nubes formaban un paraguas
exterior de humedad a una cierta distancia
sobre el océano, y guardando una reserva
de agua fresca para la lluvia. En su movimiento,
las nubes dejaban caer el agua de nuevo por
todas partes - en el mismo océano que
la había enviado hacia el cielo. La
misma agua, eternamente de arriba abajo y de
abajo a arriba. Las fuerzas invisibles tras
la evaporación y la gravedad mantenían
en agua en movimiento continuo, sin que una
sola gota se perdiese en el universo. Este
agua circulante continuaba siendo tan estéril
como la capa endurecida de rocas que existía
debajo.
Cuando por fin surgió la tierra desde
el fondo del mar, y formó los primeros
continentes e islas, la lluvia a su vez creó lagos
de agua fresca y corrientes que circulaban
a lo largo del paisaje, regresando al mar.
Los cambios de temperatura que ocurrían
con las diferentes estaciones, los hielos,
el agua y los vientos causaron la erosión
que hizo bajar de los montes a las partículas
estériles de sales y minerales, para
formar una "poción mágica" en
los mares.
Ocurrió a la vez otro milagro, y es
que los rayos del sol dieron fertilidad al
planeta estéril. Las moléculas
existentes en las sales y los minerales se
unieron para formar las primeras células
vivas, y pronto sucedió que los "antepasados" de
todas las plantas y animales, incluyendo al
hombre, comenzaron a circular de forma imparable
con las corrientes oceánicas.
Los primeros genes programados para una posterior
evolución fueron creados por otra fuerza
invisible. Las células se multiplicaron,
y nacieron ojos, aletas y colas que concedieron
a las especies animales la facultad de ver
y de moverse a voluntad. Una infinidad de especies
evolucionó, desde las medusas y los
erizos hasta los peces y las ballenas. Todo
aquello que hoy día crece y se mueve
en la superficie de nuestro planeta procede
de aquella "poción mágica" que
se mezcló con las corrientes en el océano.
Todos nosotros, que podemos hablar, amar
y luchar en tierra firme, tenemos unos antepasados
comunes, todos ellos procedentes de las aguas
marinas.
Nuestra dependencia de esos antepasados del
océano todavía no ha terminado.
Posiblemente Darwin tenga razón al decir
que las especies evolucionadas lo hicieron
porque las más fuertes sobrevivieron,
pero no debemos olvidar que incluso las más
débiles son necesarias para ayudar a
las más fuertes a sobrevivir. Incluso
el plancton unicelular que comenzó la
evolución nos es tan necesario hoy como
cuando milagrosamente nació a partir
de sales y minerales estériles. Fué el
primer plancton unicelular el que comenzó a
producir oxígeno, en un momento en el
que el planeta estaba rodeado exclusivamente
de una mezcla de gases venenosos. Este plancton
era necesitado en cantidades enormes, hasta
que se produjo la cantidad de oxígeno
necesaria para emerger por encima de la superficie
de las aguas y, junto con las especies de plantas
que tenían sus raíces en tierra,
se formó la atmósfera. Solo en
ese momento pudieron las especies marinas desarrollar
pulmones, salir fuera del agua, y convertirse
en los antecesores de todas las especies terrestres.
Si el plancton de las plantas no existiese
de repente, los bosques degenerarían
y no serían suficientes para producir
la cantidad de oxígeno que los seres
humanos y los animales necesitan para sobrevivir.
Incluso siendo especies terrestres, la humanidad
ha regresado al mar durante millones de años
como fuente inagotable de alimentos. La Arqueología
nos demuestra lo que una dieta marina supone
para la supervivencia en todas las islas y
las costas. Miles de años antes de que
el hombre construyera la primera embarcación, éste
recogía moluscos, crustáceos
y peces a la orilla del mar. Desde que comenzó el
arte de construir barcos, el hombre dispuso
de un nuevo e importante medio en su rápida
ascensión a la creación de cultura
y civilización.
El hombre izó una vela antes de ensillar
un caballo. Dirigió barcos con pértigas
y remos por los ríos, y navegó por
mar abierto, antes de viajar sobre ruedas.
Las embarcaciones fueron el primer vehículo.
Con ellas comenzó a tambalearse el mundo
de la Edad de Piedra. Con la ayuda de velas,
o simplemente dejándose arrastrar por
las corrientes, los hombres primitivos pudieron
colonizar las islas, o alcanzar en cuestión
de semanas algunos territorios que anteriormente
eran accesibles solo atravesando grandes obstáculos
como tierras pantanosas, tundras, montañas
desnudas, junglas impenetrables, glaciares
o desiertos. Las embarcaciones fueron la herramienta
más importante para el hombre en su
conquista del mundo.
Toda la evidencia disponible demuestra que
fue el barco de papiro el que desarrolló todas
las propiedades características de las
embarcaciones marítimas que posteriormente
se convirtieron en el modelo del barco de madera,
y no al contrario. El diseño del barco
de papiro se encontraba ya desarrollado cuando
la Primera Dinastía comenzó a
construir pirámides a lo largo del
Nilo.
Existen datos que indican que, hacia el año
3000 a.C., los primeros navegantes del Medio
Oriente, pioneros en arquitectura marina, tomaron
la revolucionaria decisión de sustituir
los fajos compactos de papiro por un casco
hueco de madera, manteniendo durante un largo
periodo de transición las características
de los anteriores barcos de juncos. Los navegantes
que tenían acceso a la madera de cedro
del Líbano, de increíble duración
y fácil de trabajar (como los hititas
y los fenicios) fueron los primeros en abandonar
la construcción de barcos con juncos
de papiro (material que les había llegado
a través de su comercio exterior con
Egipto). El paso siguiente fue que los propios
egipcios empezaron a importar cedro de Líbano,
para construir sus propios barcos de madera,
para carga y recreo, en el Nilo.
A pesar de lo bien construidos que pudiesen
estar, los barcos de juncos no podían
competir con los de madera, en cuanto a duración.
Al acercar los barcos a la playa se producía
un lógico desgaste de las ataduras del
fondo, de forma que la duración media
de un barco de junco utilizado frecuentemente
no sería superior a dos años.
Indudablemente, la mayor duración y
velocidad de las embarcaciones de madera contaban
más a largo plazo que cualquiera las
ventajas del barco de haces de los primeros
tiempos. Sin embargo, estas tampoco eran despreciables;
los barcos de juncos eran bastante más
seguros en el mar, y ofrecían una
mayor capacidad de carga.
Así pues, los barcos de vela modernos,
con sus primeros ancestros mediterráneos,
combinan dos pedigrees, comenzando respectivamente
con un tronco de árbol vaciado y con
un haz de juncos flotantes.
Antes de que los hombres se aventurasen en
el océano, los primeros caminos fueron
los ríos, a través de paisajes
cubiertos de espesas selvas que escondían
enemigos desconocidos y todos los peligros
de las tierras inexploradas. Los primeros asentamientos
se desarrollaron en las zonas oceánicas
donde desembocaban los ríos. Es bien
conocido el hecho de que las migraciones que
entraron en los continentes de Asia, África
y América lo hicieron aprovechando las
ventajas que les ofrecían los caminos
de agua hacia el interior. Los distintos fundadores
de civilizaciones se dejaron atraer por los
ríos Indo, Eúfrates, Tigris,
Nilo, Volga, Danubio y Magdalena - por citar
solo algunos de los más relevantes.
Los ríos se hacen notar en su recorrido
por la tierra, aunque su flujo sea lento y
suave. En cambio nos resulta imposible ver
las corrientes oceánicas y por tanto
nos resulta más fácil olvidar
incluso las corrientes más importantes
y poderosas, que arrastran bancos de agua y
fluyen de forma invisible por el mar. El río
más largo cuyo origen está en
Perú no es el Amazonas, que fluye hacia
el este a través de Brasil, sino la
Corriente Humboldt, que fluye hacia el oeste
a través del Pacífico. El río
más poderoso de África no es
el Nilo, sino la Corriente Canario-Africana,
cuyo delta está entre las islas del
Caribe, y que descarga agua del mar de África
en el Golfo de México. Los itinerarios
fijos de estos ríos marinos atraviesan
los océanos y establecen caminos entre
los continentes.
Los ríos invisibles que recorren los
principales océanos - más largos
y poderosos que cualquier río en tierra
- se mantienen en movimiento constante a causa
de la rotación de la tierra. Estos ríos
marinos fluyen de este a oeste en el cinturón
tropical y, tocando los continentes, vuelven,
formando una amplia curva, para regresar hacia
el este por latitudes más frías,
lo más cercanas posible a las regiones Ártica
y Antártica.
Estas corrientes tropicales no se mueven solas,
sino que arrastran con ellas cualquier objeto
flotante mientras que, por encima del mar,
los eternos vientos alisios soplan con la
máxima
fuerza en la misma dirección general,
de este a oeste, a lo largo del año.
Considerando a los ríos continentales
como bandas transportadoras, estos resultan
más dirigidos todavía en una
sola dirección, gracias a la permanente
compañía de los poderosos vientos
alisios del este. En los casos en los que ni
costas visibles ni decisiones premeditadas
han llevado al hombre a la búsqueda
de nuevas tierras, las invisibles "bandas
transportadoras" marinas los han conducido
en cualquier caso de una costa a la otra
- con o sin el conocimiento o el consentimiento
de estos viajeros.
Cuando llegamos a los viajes por el océano,
existen cuatro conceptos erróneos importantes
que deben ser aclarados antes de iniciar cualquier
conversación realista sobre las posibilidades
primitivas de la navegación:
1. Un casco impermeable no es ni la única
ni la mejor alternativa de seguridad en el
mar. En un barco con un cuerpo que permita
la entrada de agua, el material es flotante
por sí mismo, no existe la amenaza que
pueden producir los tornillos (taladrar), y
achicar el agua no es problema, ya que cualquier
rotura que se produzca simplemente dejará correr
el agua, pero el barco quedará a flote
como antes. El calado poco profundo y la compacta
estructura del cuerpo permiten a estos barcos
el viajar entre arrecifes o escollos, o por
aguas poco profundas, y recalar en zonas de
la costa a las que un barco con casco no podría
ni acercarse.
2. Resulta equivocado creer que la seguridad
en los viajes por mar aumenta invariablemente
con el tamaño del barco y la altura
de su cubierta por encima del nivel del mar.
Para un barco, resulta una gran ventaja el
ser lo suficientemente pequeño como
para moverse libremente en medio y sobre el
oleaje, ya que un barco que sea mucho más
largo que treinta pies se verá obligado
a enterrar la popa o la proa en las olas que
lo rodean, o correrá el riesgo de tener
que hacer de puente entre dos olas simultáneas,
lo que podría romper las medianías.
3. La idea de que era más fácil
y seguro para los navegantes primitivos el
navegar costeando, mejor que adentrarse en
el océano abierto, es un error muy común
y fuera de la realidad. Tanto en circunstancias
de calma como de tormenta, los mares resultan
especialmente peligrosos cerca de la costa
y encima de zonas poco profundas. Las olas
más grandes y peligrosas se producen
precisamente donde el mar de fondo se encuentra
con la resaca que vuelve de las rocas, momento
en el que se crea una interferencia caótica
con las mareas y las corrientes inclinadas.
En medio del océano no hay rocas ni
arrecifes que puedan interferir con el progreso
del barco o de las corrientes; el oleaje es
largo y regular y el peligro de un naufragio
es absolutamente mínimo.
4. La conclusión de que la distancia
desde A hasta B es la misma que la que hay
desde B hasta A es correcta en tierra, pero
errónea en el mar. Por ejemplo, la distancia
desde Perú hasta las Islas Tuamotu es
de 4.000 millas; sin embargo, después
de haber atravesado solamente la cuarta parte
de esa distancia - es decir, unas 1.000 millas
sobre la superficie del océano - la
balsa Kon-Tiki había llegado ya al archipiélago
Tuamotu desde Perú. La razón,
por supuesto, es que la superficie del océano
se había desplazado unas 3.000 millas
en dirección a Polinesia durante los
101 días de travesía. La balsa
se había beneficiado de un transporte
gratuito invisible por parte de la Corriente
Humboldt, que corre como un río desde
Perú hasta Polinesia.
Si cualquier otro tipo de barco aborigen hubiese
podido navegar con curso recto, en dirección
contraria, y a la misma velocidad, éste
tendría que haberse movido corriente
arriba, y cruzar no menos de 7.000 millas de
agua en movimiento para llegar a Perú desde
el archipiélago Tuamotu. Es decir, unas
siete veces la distancia de navegación
y el tiempo de navegación en relación
con la Kon-Tiki - aunque la distancia sería
exactamente la misma sobre un mapa. Además,
no hay ningún barco que pueda navegar
en línea recta, de forma que - al intentar
forzar su avance en la dirección contraria
a la de la Kon-Tiki - habría tenido
también que ir barloventeando contra
los poderosos vientos alisios, añadiendo
otras dos mil millas al itinerario de siete
mil en línea recta.
El océano parece no tener fin, excepto
a los viajeros que navegan en balsas y a los
astronautas. Pero, en realidad, sencillamente
se ubica entre los continentes como un lago,
con tierra en todas sus orillas y enterrada
dentro. Y se agarra al planeta como la piel
de una naranja que parece también
interminable porque vuelve a empezar en el
lugar donde termina.
Teniendo en cuenta las bacterias y otros microorganismos
encontrados en las rocas más antiguas,
se puede deducir que el océano tiene
unos 4000 millones de años de vida.
A lo largo de todas esas eras, el océano
ha actuado como filtro de todo el globo. Masas
incalculables de polución de carcasas,
excrementos y vegetación descompuesta
entraron en el único océano existente,
bien desde los ríos o con el cieno o
sedimentación de todas las costas. El
número de monstruos prehistóricos,
ballenas, peces y plancton que han muerto y
se han descompuesto en el mar, habría
sido suficiente como para rellenar de cieno
el agua, si no hubiese sido por que estas materias
se descompusieron para reciclarse en nuevas,
jóvenes y pequeñas formas de
vida. Las moléculas de toda la materia
que entra en el mar desde la tierra y el aire
se descomponen y reconstruyen, de forma que
solamente al agua pura se le permite evaporarse
y elevarse hasta las nubes. Así, el
sistema se ha movido limpiamente y, para el
beneficio de la vida en la tierra y el saneamiento
de ésta, durante billones de años
el mar solo ha enviado agua limpia a la tierra
a través de las nubes, mientras que
la fuerza de la gravedad arrastraba toda la
suciedad al fondo del mar para ser asimilada
y transformada. La maquinaria de relojería
fue construida en movimiento perpetuo, y así hubiera
trabajado para siempre, actuando el océano
como filtro, si el hombre hubiese guardado
sus modernas moléculas bien sujetas
en sus propios laboratorios.
Pero, después de una única utilización,
el hombre ya no necesita sus moléculas
eternas ni desea controlar los lugares a donde
estas van a parar. La mayoría de los
detergentes e insecticidas son absorbidos dentro
de la vida orgánica como si de papel
secante se tratara. Y, una vez dentro, ya nunca
pueden salir de ella. Se integran en el ciclo
vital de las plantas y son comidos por los
animales. Inmersos en la corriente universal
del ciclo vital, terminan en el mar. Pero,
mientras que las moléculas de la naturaleza
sirven de alimento a los microorganismos y
se transforman para formar nuevas células
vivas, las que proceden de fabricación
humana no se pueden transformar, no son degradables,
y se quedan almacenadas en las células
vivas. La mayoría de los hidrocarburos
flotan y permanecen en la capa superior del
océano - donde vive el plancton. Y
la mayor parte procede de salidas a lo largo
de
las costas. Y ese es el lugar donde se alimenta
y vive el grueso de la vida marina.
A través del cuerpo de plancton circula
una corriente constante de agua del mar. Las
moléculas naturales se transforman,
pero no aquellas compuestas por el hombre.
Estas se quedan agarradas al cuerpo del plancton,
y el plancton deambula por todas partes para
actuar conjuntamente como aspiradora gigantesca
del océano. Las moléculas efectivamente
limpian el agua, pero son absorbidas ellas
mismas por otros animales - moluscos, crustáceos
y peces. Así, estas moléculas
producidas por el ser humano se acumulan en
concentraciones cada vez mayores en su recorrido
por la "cadena alimenticia" que las
llevará a la cocina del hombre. Y, no
importa cuanto cocinemos los productos o cuanto
los mastiquemos, jamás podremos destruir
las moléculas no degradables y venenosas
que nosotros mismos hemos producido en nuestro
desafortunado intento de mejorar nuestras
vidas.
En realidad nos comemos todos los restos que
arrojamos y que sobran de las botellas
de plástico,
y que los pescadores e intermediarios vuelven
a servirnos en nuestros propios platos.
Al herir a los océanos, nos herimos
nosotros mismos y herimos a nuestros descendientes.
Si el plancton marino llega a morir, nosotros
moriremos sofocados en una tierra seca. Un
océano muerto es un planeta muerto.
Traducción: Carmen Arenas (mSGE)
Thor Heyerdal
| |
| |
|
 |
|
| |
 |
VÍAS VERDES |
|
| |
|
España conserva aún 7000 kilómetros
de vías fantasmas, redes ferroviarias
que recorren de punta a punta este país
y que, al mirarlas, uno se queda con la sensación
de escuchar un tren que se acerca y nunca termina
de llegar. La Fundación de Ferrocarriles
Españoles se propone revivir esta parte
de la historia con el Programa Vías Verdes.
Con el paso de los años, el olvido ha
llegado a las vías férreas y las
ha dejado sumidas en la maleza, castigándolas
al destierro de los planes y los horarios. Algunas
por desuso, otras por descuido de los constructores,
por vaivenes de presupuestos y políticas
se han quedado inconclusas, y es ahí cuando
descubrimos que tenemos ante nosotros obras arquitectónicas
de inmenso valor, patrimonio histórico
y cultural envuelto en telarañas.
Desde 1993, estos antiguos trazados están
siendo acondicionados para servir de camino a
los que ahora, caminando, en bici o a caballo,
disfrutan del viaje en su sentido más
cercano a la naturaleza. Este es el objetivo
de instituciones como el anterior Ministerio
de Obras Públicas, Transportes y Medio
Ambiente, actual Ministerio de Medio Ambiente,
en colaboración con RENFE y FEVE, junto
con Comunidades Autónomas, Diputaciones
y Ayuntamientos, que desde ese año han
puesto en marcha el Programa Vías Verdes.
De la coordinación a escala nacional
de este proyecto se ha encargado la Fundación
de los Ferrocarriles Españoles, que propone
seguir un plan que comprende dos puntos: la creación
de unas señas de identidad homogéneas
y la implicación y participación
de las instituciones y de los colectivos ciudadanos
a nivel local. Con este programa se intenta promover
una nueva cultura del ocio y del deporte al aire
libre con la gran ventaja de estar al alcance
de todos los usuarios, independientemente de
su edad y estado físico y psíquico.
Y es que las Vías Verdes aprovechan las
características de los trazados ferroviarios
sobre los que se desarrollan, esto es lo que,
además, las diferencia del resto de rutas
ciclistas y otros senderos, ya que las Vías
siguen el rumbo de las antiguas redes férreas,
con suaves pendientes y amplias curvas, lo que
permite realizar, entonces, un recorrido fácil
y cómodo, accesible para todo el que quiera
utilizarlas. Estas características proporcionan
un valor añadido a las Vías Verdes,
el de ser medio de integración ciudadana,
ya que se convierten en punto de encuentro y
de convivencia.
Paisajes que reaparecen
Puede contarse entre las ventajas de este proyecto
el escaso impacto medioambiental que representa,
debido a que las rutas ya están diseñadas.
No hay que olvidar que se trata del acondicionamiento
de una obra pública en desuso que casi
ha pasado a formar parte del entorno natural.
Hay que contar con que, en ocasiones, los ferrocarriles,
verdaderas obras de arte de la ingeniería
decimonónica, embellecen los parajes donde
se alzan los espectaculares viaductos y estaciones.
De esta manera, lo que se intenta es rescatar
además del valiosísimo patrimonio
ferroviario español abandonado, mayoritariamente
de titularidad pública (los ferrocarriles
industriales y mineros son excepciones), todos
aquellos paisajes que los viajeros de antaño
disfrutaban desde el tren y que ahora es posible
recorrer andando, en bici o a caballo, pero siempre
en contacto directo con el aire puro y la naturaleza.
Es en este aspecto donde colectivos ecologistas
y ciudadanos cumplen un papel definitivo en la
puesta en marcha de Vías Verdes, ya que,
aparte del entorno natural que preocupa a los
primeros, las rutas incluyen en su recorrido
diversos pueblos que tienen ante sí la
oportunidad de fomentar el turismo y de desarrollar
zonas recreativas y deportivas para sus habitantes.
Señales de vida
El Programa Vías Verdes, en su intento
por revivir las redes ferroviarias olvidadas,
incluye la creación de una imagen corporativa
consecuente con la razón de ser del proyecto.
Porque no sólo se trata de revivir las
rutas, es hacer hincapié en el paisaje,
en la arquitectura. Vías Verdes es una
parte de la historia de este país que
estaba callada y borrosa y que ha encontrado
el mejor momento para despejarse y comenzar a
ser contada.
Señalización que proporciona la
máxima seguridad en los recorridos, reconstrucción
y acondicionamiento de las estaciones para el
descanso, alojamiento y alimentación de
los paseantes y deportistas, puesta a punto de
senderos, ecomuseos, establecimientos de alquiler
de caballos y bicicletas, entre múltiples
detalles, hacen que la puesta en marcha de este
programa cuente con el apoyo y colaboración,
no sólo institucional sino financiera,
de colectivos ciclistas, excursionistas, etc.,
pasando por la Administración local y
nacional, empresas del sector privado y, finalmente,
con el ciudadano comprometido con su entorno.
Además, el Programa Vías Verdes
apuesta, cómo no, por la creación
de empleo joven y para ello cuenta con la colaboración
del INEM por medio de su Programa de Escuelas
Taller y Casas de Oficio y del Plan de Empleo
Rural.
El destierro del olvido
En la actualidad ya existen alrededor de 500
kilómetros de antiguos trazados ferroviarios
convertidos en Vías Verdes. Algunos cuantos
de los que todavía faltan por acondicionar
son ya transitables, aunque todavía no
prestan todos los servicios que se plantean en
el Programa.
En cuanto a la divulgación del proyecto,
la Fundación de Ferrocarriles Españoles
publicó en 1997, con reedición
en junio de 1998, la Guía de Vías
Verdes. En ella se describen 31 itinerarios,
sobre mil kilómetros de rutas ferroviarias,
de los cuales 12 están acondicionados
como Vías Verdes.
El desarrollo del Programa Vías Verdes
trasciende las fronteras españolas, ya
que está siendo reforzado por la Asociación
Europea de Vías Verdes, creada en enero
de 1998 en Bélgica, la cual está presidida
por la Fundación de Ferrocarriles Españoles
y cuenta en la actualidad con seis miembros españoles.
Ahora seremos testigos de cómo, poco
a poco, todos aquellos parajes abandonados, olvidados
empezarán a cobrar vida, cómo los
sonidos fantasmas de un tren que nunca llega
irán disipándose en el aire en
medio del rumor de los cascos de los caballos
y de las botas de los caminantes. Las estaciones
brillarán de sol y color y el silencio
del paisaje inundará esta vez el alma
de los visitantes y la hará feliz. Entonces
será ahí, en ese momento, cuando
llegue la vida a esos caminos de hierro oxidado
cuando se sabrá que el olvido estará desterrado
de allí para siempre.
Carmen Ayacart
|
|
| |
|
 |
|
| |
 |
EL CAMINO DE SANTIAGO |
|
| |
|
Desde lo alto del Somport se contempla un impresionante
circo de montañas. Pero toda la carretera
está tan poblada de hoteles, restaurantes
y edificios de apartamentos de los urbanizaciones
delos campos de esquí que al viajero le
cuesta trabajo imaginar cómo era este
lugar cuando se alzaba allí el hoy derruido
hospital de Santa Cristina que era considerado,
en el siglo XII , junto con el hospital de Jerusalén
y el del Gran san Bernardo, en el camino de Roma,
una de las "tres columnas que el Señor
estableció en este mundo para el sostenimiento
de sus pobres". Hoy, Somport parece haber
cambiado los antiguos peregrinos por esquiadores
y turistas, aunque siguen pasando por allí los
que vienen de Provenza, de Italia o de regiones
más alejadas del este de Europa.
El antiguo camino pasa por lo que es hoy la
estación de esquí de Candanchú y
sigue el curso del río Aragón,
por las provincias de Huesca y Zaragoza, hasta
el pantano de Yesa, en la linde con Navarra.
Hay cosas muy interesantes que ver en la carretera
que conduce a Jaca y no sólo monumentos
jacobeos. Me gustó mucho la estación
de Canfranc, una preciosa construcción
de hierro y cristal de los años veinte
que, a pesar de su abandono, mantienen el encanto
de los antiguos viajes en tren. El ferrocarril
que por aquí pasaba unía España
con Francia hasta que se hundió el puente
de l’Estanguet, en 1970.
Que estamos en el Camino de Santiago se percibe
enseguida por las numerosas iglesias y ermitas
románicas que encontramos en los pueblos
o fuera de ellos. A esta vía se la podría
llamar el Camino del Románico y España
debe a la devoción jacobea algunos de
los más bellos monumentos de este arte
que existen en Europa y que jalonan toda la Vía
a través de Aragón, Navarra, La
Rioja, Castilla y León y Galicia.
La catedral de Jaca es uno de los más
excelsos ejemplos de este estilo. Consiste en
un templo de espaciosas naves, con una bellísima
cúpula octogonal sostenida por arcos califales.
El maestro de Jaca esculpió los capiteles
para contar a los que no sabían leer la
sagrada historia. EL más bello de todos
puede ser quizá el que representa el sacrificio
de Isaac, en el que Abraham y su hijo aparecen
desnudos. Es famoso el crismón del tímpano
de la puerta de entrada. Parece ser el más
antiguo de Europa. Consiste en un anillo circular
con el anagrama griego de Cristo, XPS, adornado
con margaritas, las flores que en la tradición
oriental representan la forma dela Eucaristía.
A cada lado del crismón o lábaro
hay un león. Bajo el de la izquierda yace
una figura humana que sujeta una serpiente con
las manos. El de la derecha pisotea a un oso,
o un animal parecido a un oso, y a un basilisco,
bestia mitológica nacida de un gallo e
incubada por un sapo, a la que se creía
capaz de talar árboles a su paso e incluso
matar sólo mirando a su víctima.
La inscripción en latín del lado
izquierdo dice: "El león se apiada
del caído bajo sus pies y Cristo del que
le invoca"; el de la derecha : "EL
potente león aplasta el reino de la muerte".
El crismón de Jaca, que luego encontramos
repetido a lo largo del Camino de Santiago, se
presta a toda clase de especulaciones y hace
las delicias de los que buscan en la Ruta Jacobea
signos esotéricos. Confieso estar poco
inclinado a tales interpretaciones, que muchos
creen a pie juntillas. Pero la verdad es que
en Jaca pasan cosas bastante raras. Por ejemplo,
en lo alto dela catedral ondea una bandera blanca
que parece encontrarse allí como amuleto
protector contra las tormentas y, según
me dijeron, de buenos resultados pues el mal
tiempo no suele causar destrozos en Jaca ni en
los campos vecinos. La tela blanca de la bandera
se cambia cada año. Tiene que permanecer
sobre el sagrario del altar mayor el Jueves y
el Viernes Santos antes de izarla. Más
extrañas todavía son las propiedades
que tiene la reliquia de santa Orosia, una mártir
de la alta Edad Media, patrona de la ciudad.
Esta reliquia se guarda en su capilla de la catedral
y ha venido sirviendo para exorcizar a los endemoniados
que acudían desde muchos países.
Hoy es Jaca una bella y próspera ciudad,
capital de los deportes de invierno y sede de
la primera Universidad de Verano que existió en
España. Sus testimonios jacobeos son muchos.
No quisiera convertir estas páginas en
una lista de monumentos pero merece la pena visitar
el museo catedralicio, con sus preciosas pinturas
románicas y, en el monasterio de las monjas
benedictinas, el prodigioso sepulcro labrado
de doña Sancha, hermana del rey de Aragón,
Sancho Ramírez.
Estuve también la iglesia de Santiago,
románica igualmente, aunque muy reformada,
para hablar con el cura que se encarga de recibir
a los peregrinos, darles albergue y proporcionarles
la compostela, que luego tendrán que sellar
en las sucesivas etapas del Camino. Don Fernando,
así se llamaba el cura, me contó que
la mayoría de los peregrinos traen una
carta de presentación que les acredita
como tales. "Hace unos días me llegó un
peregrino alemán con una carta de un pastor
luterano. Y yo le dije: Sea bienvenido".
Recalcaba sus últimas palabras como para
darme a entender que la Iglesia ya no mantiene
frente al protestantismo la actitud que solía.
En Jaca, como en muchas otras ciudades del Camino,
existe una asociación de amigos de la
Vía Jacobea. Estuve hablando con su presidente,
don Francisco Orós, que se hallaba preocupado
por la señalización del tramo aragonés,
defectuosa en algún pronto, debido a la
lentitud de la Administración, que tarda
en cumplimentar las indicaciones de la asociación.
Don Francisco reconoció: "los navarros
lo tienen mejor organizado que nosotros".
A través de sus palabras se manifestaba
cierta rivalidad entre Aragón y Navarra
a propósito de la localización
de algunos hechos históricos o legendarios. "La
batalla de Roncesvalles no fue en Roncesvalles",
dijo y aseguró que hay estudios hechos
en Aragón que revelan que le lugar donde
aconteció la célebre batalla en
que murieron los pares de Francia fue le puerto
de Palo, en el valle de Ansó, en Huesca.
En él hay una gran cortadura en la roca
que, desde siempre, se llama la Brecha de Roldán,
porque fue el héroe dela Chanson quien
la hizo con un tajo de su espada Durandal.
La ciudad de Jaca puede presumir de ser dos
veces milenaria pues fue el centro de la tribu
ibera de los jacetanos, que Roma convirtió en
capital de toda la región. Allí se
fundó el condado de Aragón, núcleo
del reino de este nombre. La ciudad fue siempre
una plaza militar de importancia. Felipe II mandó construir
en ella la ciudadela pentagonal o castillo de
San Pedro, en los últimos años
del siglo XVI. Un acontecimiento más moderno
llevó el nombre de la ciudad a los libros
de Historia de España: en 1930,los capitanes
Galán y García Hernández
se sublevaron en Jaca contra Alfonso XIII y proclamaron
al República. Fueron juzgados y ejecutados
pero la Monarquía cayó en 14 de
abril del año siguiente.
Ni el pueblo de Santa Cruz de la Serós
ni el monasterio de San Juan de la Peña
se encuentran, propiamente hablando, en el Camino
de Santiago. Muchos peregrinos y viajeros toman
el breve desvío que, a la salida de Jaca,
conduce a ellos. El lector agradecerá que
le recomiende con entusiasmo la visita porque
la iglesia de Santa Cruz, la minúscula
capilla lombarda de San Caprasio y, sobre todo,
el monasterio de San Juan están entre
los más bellos monumentos románicos
que yo haya visto. Su origen es legendario. Dicen
las crónicas que a mediados del siglo
VIII un joven cazador llamado Voto, natural de
Zaragoza, fue a practicar la caza del ciervo
en el monte Pano, el lugar donde hoy se encuentra
el monasterio de San Juan de la Peña.
Cabalgaba el hombre persiguiendo al animal cuando éste
se despeñó. Su caballo estuvo a
punto de caer también en el precipicio,
pero él se encomendó a san Juan
Bautista y al animal quedó clavado en
el suelo al borde del abismo. Se asegura que
allí están todavía las huellas
de sus herraduras.
Voto bajó entonces por tortuosos caminos
al lugar donde el ciervo había caído
y encontró en el fondo de una cueva una
pequeña iglesia dedicada al Bautista junto
al cuerpo muerto de un anacoreta. En la piedra
donde el cadáver reposaba la cabeza, había
una inscripción que decía que,
en vida, se llamó Juan y era vecino del
pueblo de Atares. Voto sepultó el cuerpo
y volvió a Zaragoza donde persuadió a
su hermano Félix de que dejara el mundo
y se retirara con él a aquel lugar. Así lo
hicieron y, al poco tiempo, acudieron allí otros
eremitas deseosos de pasar su vida en oración.
De esta manera nació el monasterio de
San Juan de la Peña. Y no faltan los que
afirman que aquel templo, edificado bajo la mole
de piedra del monte Pano, fue el lugar donde
se concentraron no sólo los monjes sino
también los guerreros que habían
de iniciar la Reconquista del reino de Aragón.
Con San Juan de la Peña se relaciona
el Santo Grial que es el vaso de la última
cena y también el cáliz en el cual
José de Arimatea recogió la sangre
de Cristo cuando fue clavado en la cruz. No es
obra humana sino que fue tallado por los ángeles
en la esmeralda que adornaba la frente de Luzbel,
cuando éste cayó al abismo por
haber desobedecido a Dios. Durante mucho tiempo,
el cáliz estuvo en San Juan de la Peña
pero, hasta llegar allí, recorrió un
largo camino. Parece ser que el apóstol
San Pedro lo llevó consigo a Roma y cuando,
en el siglo III el diácono Lorenzo, que
luego sería mártir, fue el encargado
de guardar los bienes de la Iglesia, lo envió a
España con un soldado para que no cayese
en manos de los paganos. En Huesca, de donde
Lorenzo era natural, guardaron el cáliz
en una ermita de nombre Loreto. Luego fue construida
para custodiarlo la catedral oscense de San Pedro
el Viejo. De allí pasó a San Pedro
de Siresa, a San Adrián de Sasabe y a
la catedral de Jaca que, según algunos,
había sido edificada para guardar el Santo
Grial. En el año de 1076 se trasladó a
San Juan de la Peña donde se guardó durante
tres siglos en un arcón de marfil. En
aquel tiempo se creía que quien miraba
el Grial con ojos de pureza tenía la seguridad
de no morir en la siguiente semana.
Quizá por esta razón, le rey Martín
el Humano quiso llevarse el Grial y se lo cambió a
los monjes de San Juan por un cáliz de
oro. En 1399 estaba en el palacio zaragozano
de la Aljafería y en 1410 en la catedral
de Barcelona. En 1424, el rey de Aragón
Alfonso el Magnánimo entregó el
Santo Grial a la catedral de Valencia donde hasta
hoy se venera.
Luis Carandell
|
|
| |
|
 |
|
|
|
|